El chef Diego Bello dirige el restaurante del hotel Attica 21, en A Coruña
02 abr 2016 . Actualizado a las 05:00 h.La restauración se ha convertido en uno de los puntos fuertes de la oferta hotelera, hasta el punto de que muchos establecimientos confían sus fogones a chefs de prestigio: David Muñoz tiene su DiverXo en el NH Eurobuilding de Madrid; Berasategui apadrina el Loidi, en el Condes de Barcelona de la capital catalana; Dani García se llevó sus dos estrellas Michelín al Hotel Puente Romano de Marbella; en Ibiza están Paco Roncero (Sublimotion, en el Hard Rock Hotel) y Sergi Arola (Hotel Aguas de Ibiza Lifestyle & Spa de Santa Eulalia); Carme Ruscalleda, en el Mandarín Oriental de Barcelona; Ramón Freixa en el Hotel Único, en pleno barrio de Salamanca madrileño...
En A Coruña, el chef Diego Bello se hizo cargo la primavera pasada de la dirección gastronómica del Hotel Attica 21. Bello se formó, entre otros, con Pepe Solla y Manolo de la Osa, antes de tomar las riendas de varias cocinas que culminaron en Alborada (1 estrella Michelín).
El Aticca 21, situado a la entrada de la ciudad, ofrece un bufé diario (almuerzos y cenas) asequible y de nivel, aunque por supuesto todo es mejorable. Los platos se presentan en cuatro zonas separadas (ensaladas, entrantes fríos, principales y postres), que se disponen de forma que se pueda hacer un recorrido circular. Las propuestas varían cada día, aunque hay elementos fijos, como una selección de quesos y embutidos. El jamón debería estar cortado más fino.
Es muy bueno el cuscús, que se puede aderezar con diversas verduras y hortalizas, picatostes, varios tipos de aceites y pimientas. De los entrantes destaca el ajoblanco con huevas, muy fino y con un delicioso deje a almendra amarga. El tataki de atún también es muy agradable, aunque el pescado peca de dureza.
Los platos calientes combinan especialidades de altura, como el rodaballo -que si lo pedimos en cualquier restaurante ya costaría más, por sí solo, que este bufé- y otras de batalla, como macarrones, pizza, judías con jamón o arroz marinero. Cabe destacar las guarniciones (patatas, guisantes, setas salteadas), en absoluto descuidadas; y las grasas, muy controladas, lo que hace que el cliente no salga de la comida con pesadez de estómago.
De postre, magníficas las tartas de chocolate y selva negra; cumplen el arroz con leche y el flan -de textura muy suave, pero algo insípido-, y un poco dura de nuevo la torrija.
Un menú completo a un precio muy ajustado (13,50 euros IVA incluido de lunes a viernes el servicio de almuerzo y 15 euros para servicios de cena y sábados, domingos y festivos). Las bebidas no están incluidas y hay menús sin gluten para celíacos y carta en braille. El personal, muy atento en todo momento.
El comedor es un espacio informal -mesas con salvamanteles y servilletas de papel- que se encuentra en el hall del hotel. Los clientes pueden aparcar gratis en el garaje subterráneo, todo un detalle.
El Attica 21 ofrece también una zona premium en las dos últimas plantas en la que, bajo petición, se preparán bufés especiales y menús degustación para grupos, en un ambiente privado, decorado con muebles de calidad y equipado con máquina de café de cápsulas y televisores de plasma.