Víctor se ha cortado el pelo. Tal vez muchos vivan ajenos a ello, ocupados en menudencias como los relevos en las alcaldías o en vigilar aquella luz al final del túnel de la crisis, no vaya a ser un tren que viene de frente. Nada de eso es importante. El verdadero cambio es otro. Y es que Víctor se ha cortado el pelo. Llevaba años liado. Entre la crisis, la falta de tiempo y la dejadez, su flequillo medró hasta alcanzar el aspecto de un postizo. Su desaliñada barba encogía el corazón de su abuela, quien, pese a quererlo de veras, ya fantaseaba con repudiarlo, la pobre. Así que Víctor se armó de valor.
Por lo que sea, bien por el cierre masivo de peluquerías en España, por el 21 % de IVA añadido al lavado y secado, vete tú a saber por qué, Víctor acudió a la gran autoridad en el arte de las apariencias, la televisión. En su determinación, se cruzó con Telecinco y su nuevo programa estrella, Cámbiame, donde una mujer de hombreras doradas y rodete en la cabeza obró el milagro.
Rasurado y acicalado con un pulido tupé, Víctor se despidió para siempre de sus greñas y salió por la puerta del cambio en medio de una ovación atronadora del público y las incontenibles lágrimas de su padre. En el mismo paquete, el programa transformó también a su abuela, venerable anciana de pelo cano y luto de varias décadas que emergió pelirroja y vestida de naranja. Para que luego digan que la tele es banal.