Cuando el cine es ciencia

El filme «Interstellar» ha llevado a la gran pantalla las investigaciones del astrofísico Kip Thorne. La película de Christopher Nolan ha permitido observar el aspecto real de un agujero negro. El argumento gira en torno a los viajes espaciales, la teoría de la Relatividad y explora campos como la existencia de otras dimensiones

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La película no ha dejado indiferente a nadie. Muchos la tachan de pedante por ser demasiado técnica. Los científicos no dejan de buscarle errores. Hay quien la califica de cursi por sus discursos sobre el amor. Para algunos se trata de una obra maestrea, entre los que me incluyo. Pero hay algo que trasciende a cualquier opinión. Interstellar ha sido tan cuidadosa con la parte científica que incluso ha realizado aportaciones a la ciencia de los agujeros negros. No es que esté adelantada en el tiempo, que también lo está. Hablamos de una aportación real. ¿Cuántas pueden presumir de lo mismo? Y lo ha hecho además en tiempos de recortes.

Gargantúa

Las estrellas como el Sol tienen dos fuerzas, la expansiva y la de comprensión o gravedad. Durante millones de años se mantienen en equilibrio brillando y proporcionando calor. Pero un día agotan el hidrógeno, el combustible que permite la expansión, y se comprimen hasta concentrar toda su energía en un único punto llamado singularidad. La gravedad es tan masiva que ni siquiera la luz puede escapar. Eso es un agujero negro. Son fenómenos violentos y habituales en el universo. Pero como no emiten luz no se pueden observar. ¿Cómo sabemos entonces que están ahí? «Por cómo se comportan las cosas que hay a su alrededor. Imagine que una persona está siendo atacada por una avispa y usted está a una distancia de cincuenta metros. No podrá ver la avispa pero reconocerá la situación por el movimiento de sus brazos para evitar que le pique. Con los agujeros negros pasa igual», explica el astrónomo Borja Tosar. Son los objetos astronómicos que más interés despiertan en el público y, sin embargo, no tenemos imágenes de ellos. Las recreaciones artísticas siempre han sido muy pobres y la ciencia tampoco se ha preocupado demasiado en retratarlos, seguramente por ser una tarea que requiere esfuerzo y dinero. De esta forma nunca hemos podido ponerles rostro. Hasta que el director inglés Christopher Nolan comienza a trabajar en el guion de Interstellar, una aventura por el Cosmos donde los agujeros negros tiene gran protagonismo. El cineasta no quiere que sean bonitos sino reales. Así que acude a unas de las máximas autoridades en la materia, el astrofísico Kip Thorne. El científico no solo acepta la colaboración sino que se convierte en productor ejecutivo y guionista. La ciencia y la ficción se cogen de la mano como nunca antes lo habían hecho. Thorne proporciona a los encargados de los efectos especiales las ecuaciones matemáticas que rigen el comportamiento del agujero negro para que puedan modelarlo. El resultado es Gargantúa, la representación más real del fenómeno hasta la fecha. El propio Thorne ha señalado que la imagen le permitirá realizar varios artículos científicos.

Un atajo espacial

Las distancias en el firmamento son tan grandes que para llegar a la estrella más cercana, Alpha Centauri, que en términos astronómicos está aquí al lado, necesitaríamos 76 mil años de años de viaje. Pero ¿y si pudiésemos coger un atajo a través del espacio? Esa es la idea de un agujero de gusano «Es un tipo de agujero negro, con una boca de entrada y salida que conecta dos zonas lejanas del universo. Sin embargo su existencia es algo completamente especulativo. Aún no se ha detectado ninguno, por lo que no tenemos evidencias de que sean reales aunque las matemáticas muestran que no son imposibles», comenta Tosar. Lo que hizo Nolan fue precisamente recopilar los datos del trabajo de Kip Thorne, llevarlos a un ordenador y crear el agujero de gusano. Thorne ya había participado como asesor científico en Contact, la película inspirada en la novela de Carl Sagan. En el filme dirigido por Robert Zemeckis en 1997 también aparece un agujero de gusano por el que viaja la actriz Jodie Foster pero se trata de una recreación artística, no de uno elaborado a partir de ecuaciones. Por ello el de Interstellar es el agujero de gusano más realista que se ha hecho no solo en el cine sino también en la historia de la ciencia.

La dilatación temporal

Todos conocemos la teoría de la Relatividad de Albert Einstein pero nunca se ha explicado de una forma tan exquisita como lo ha hecho Nolan. El creador ha puesto todo el peso de su historia en la relación física entre el tiempo y la gravedad. Cuanta más gravedad hay más despacio pasa el tiempo. «El tiempo de los relojes que hay en los satélites GPS transcurre más rápido que los de la Tierra. Un desfase que tienen siempre en cuenta, de lo contrario no servirían. Es así porque en el espacio hay menos gravedad que en la superficie d», dice Tosar. En Interstellar uno de los planetas que orbita Gargantúa está sometido a tanta gravedad que una hora allí equivale a siete años terrestres. «Lo que muestra la película de manera brillante es un escenario posible», añade.

La quinta dimensión

Somos seres de cuatro dimensiones. Podemos ir adelante-atrás, arriba- abajo e izquierda-derecha. Estas serían las tres dimensiones del espacio. Pero hay que añadir otra, la del tiempo. La combinación de todas ellas da nombre al tejido de la realidad, el espacio-tiempo. Aunque quizás haya más como tratan de postular teorías científicas como la de los multiversos o la teoría de las cuerdas. No trate de imaginarlas porque su cerebro no está diseñado para ello. «Piense en un marinero que lleva toda su vida navegando con su barco. Para él solo hay izquierda-derecha y adelante-atrás. Un día llega a su embarcación un piloto que le explica que también es posible ir arriba y abajo. El marinero no dará crédito a eso porque nunca lo ha experimentado», explica Borja. Interstellar es la primera película que plantea la existencia de seres que viven en una quinta dimensión e interactúan con nosotros. Y lo hace posible atravesando Gargantúa . El agujero negro, como también explicó Einstein, es un cuerpo supermasivo capaz de curvar el tejido, es decir las cuatro dimensiones. De esa forma, al caer sobre uno puede accederse a una dimensión adicional.

Interstellar es compleja, requiere un esfuerzo de entendimiento y reflexión. «He necesitado un tiempo para comprenderla porque es un largometraje denso pero finalmente me ha encantado», termina Tosar. Para mí es algo más que una película. Una invitación a volver a soñar con la exploración del espacio. Un canto al conocimiento y una fábrica de futuros astrofísicos. Pero, sobre todo, un homenaje a la ciencia que siempre está ahí para resolver los grandes problemas. No se la pierdan.

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