Como la hipotética medida de suspender la autonomía de Cataluña, la retirada o modificación de la reforma del aborto será una decisión política. Es decir, el Gobierno -tal y como explicó ayer Jesús Losada- actuará en función de «lo que es conveniente»; lo cual, en víspera de las trascendentales citas con las urnas de los dos próximos años, viene a significar que obrará según sus intereses electorales.
Resulta difícil pensar que Alberto Ruiz-Gallardón vaya a tirar su carrera por la borda después de lo que le ha costado llegar a ministro. Como también es dudoso que Rajoy vaya a hacer oídos sordos a las críticas que se han lanzado, incluso dentro de su propio partido, contra una ley regresiva y que recorta la libertad de las mujeres. Habrá reforma, sí, pero convenientemente maquillada.