La Universidade de A Coruña presume, y con razón, de ser una de las que tiene las cuentas más saneadas y de haber alcanzado una de las tasas más altas de colocación de sus alumnos en el mercado laboral. Tiene, también, un enorme potencial en ciencias de la salud y fisioterapia, grupos de élite en ingeniería y facultades de gran prestigio como las de Informática o Caminos. Son datos objetivos que forman parte de su fortaleza, pero, pese a ellos, la institución sale mal parada una y otra vez en los ránkings universitarios, tanto en los nacionales como en los internacionales. Muy probablemente no esté realmente situada en los puestos de cola en productividad, tal y como lo indica el último estudio, el de la Fundación BBVA, pero en la gran mayoría está de la mitad para abajo. Lo que llama la atención es el hecho de que en estas o en otras listas similares la universidad estaba ubicada hace veinte años en los puestos de la mitad para arriba. Y tampoco puede cerrar los ojos, porque su vecina de Vigo, creada en la misma época y con un número similar de alumnos, no deja de ascender peldaños. La Universidad de A Coruña tiene mucho bueno, pero también mucho que mejorar. Y no valen excusas.