«Es imposible llevar un paciente así si no funcionamos todos. Esto ha sido un trabajo de equipo», resalta Fernando Rueda, responsable del servicio de la unidad de Cardiología Infantil del Chuac. En la operación de Francisco participaron cirujanos, pero su caso fue llevado desde el primer momento por un equipo multidisciplinar especializado formado por anestesistas, intervencionistas, pediatras y cardiólogos y cirujanos cardíacos infantiles. Es el modelo con el que trabaja el CHUAC desde que en 1997 se creó la Unidad de Asistencia Integral del Neonato y del Niño con Cardiopatía Congénita Compleja, lo que le ha valido para ser un uno de los cinco centros de referencia de toda España en su ámbito.
Pero Rueda entiende que si Francisco se salvó en A Coruña ello no sería posible sin la tozudez de David Araújo, el médico del hospital de Santiago que llevó el caso del niño. «El chaval tuvo suerte, porque sin el médico que lo derivó aquí, olvídate», dice. Araújo devuelve los halagos: «É o primeiro caso do mundo -subraya- de trasplante cardíaco a un paciente con proxeria e iso pon en valor o nivel científico e tecnolóxico do equipo do Chuac. Cando o operaron alegreime case como si fora un fillo meu». Luego reflexiona y apunta: «Isto en realidade é un éxito da sanidade galega».