Europa, la luna de la vida

COLPISA. Ander Azpiroz

SOCIEDAD

Pese a las pruebas que apuntan a la posibilidad de existencia de vida en este satélite de Júpiter, no hay planeadas misiones en un futuro próximo.

20 nov 2011 . Actualizado a las 20:15 h.

Pese a encontrarse a 800 millones de kilómetros al Sol y recibir de este apenas el calor que desprende una cerilla, la luna Europa representa una de las mayores esperanzas de encontrar vida extraterrestre. Descubierta por Galileo Galilei en 1610, la más pequeña de las cuatro lunas de Júpiter tiene una superficie ligeramente menor a la del satélite terrestre. En su interior, bajo una gruesa capa de hielo, se cree que puede llegar a contener hasta el doble de agua líquida que la Tierra. Incluso esta misma semana se hacía pública la existencia de lo que parece ser una masa acuática, con un volumen similar al de los grandes lagos de Norteamérica, aislada en el interior de la corteza congelada. Según las pruebas obtenidas estos lagos y océanos contendrían oxígeno y recibirían calor por efecto de la fuerza de atracción de Júpiter y su interacción con las otras tres lunas.

Pese a la gran expectación que levanta y a que las agencias espaciales la catalogan como destino preferente, no existen aún fechas concretas para explorar esta luna, ni si quiera desde su órbita. En 2005, la NASA suspendió el Orbitador para Lunas de Hielo de Júpiter por falta fondos. El proyecto era muy ambicioso y, por lo tanto, caro. El alto coste de su novedoso método de propulsión nuclear acabó por hacer inviable su puesta en marcha. Este mismo año se rompió la alianza entre la NASA y la Agencia Espacial Europea (ESA) para poner en marcha el programa Europa Jupiter System Mission, destinado a estudiar las lunas jovianas. Aún así, la ESA sigue mostrando un gran interés en este destino y ya estudia el envío de la sonda Jovian Europa Orbiter, si bien su calendario de lanzamiento no ha sido tratado aún. Un más que posible acuerdo de colaboración con la Agencia Espacial Rusa podría dar un gran impulso a este proyecto.

Pese a las mayores dificultades que entraña llegar a Júpiter, muchos científicos sostienen que la exploración de Marte obtendrá, en el mejor de los casos, algún fósil como resultado. En Europa, en cambio, podrían hallarse seres vivos en acción. La pregunta es, ¿a dónde es mejor ir?

Las agencias espaciales miran con lupa cualquier proyecto para investigar las cercanías de Júpiter. De hecho, cualquier sonda enviada hasta el planeta gigante tiene milimétricamente calculado el lugar donde acabará estrellándose o la zona en la que permanecerá flotando a la deriva tras el final de su vida. Y es que nadie en la Tierra quiere arriesgarse a una colisión sobre la superficie de Europa que pudiera contaminarla con material orgánico terrestre.

Formas de vida

La idea de un futuro viaje sigue girando en torno a un mismo proyecto. Una sonda que, posada sobre la superficie helada, horadaría un agujero suficientemente ancho y largo para introducir un vehículo submarino que pudiera explorar el océano del planeta.

El ensayo para una misión a Europa se realiza en el lago Vostok.

Situado a cuatro kilómetros bajo el hielo antártico, el Vostok es uno de los pocos territorios aún vírgenes de nuestro planeta. Los científicos creen que en él se hallarán ricas comunidades de seres que subsisten gracias a la energía térmica procedente del interior de la Tierra, como lo hacen muchas especies encontradas en el fondo de los océanos.

¿Qué clase de vida podría encontrarse en esas aguas? «Basado en la analogía con los mares polares de la Tierra, la vida en Europa podría darse en muchos hábitats: en los suelos suaves y rocosos del lecho oceánico, asociada con conductos hidrotermales, en niveles diferentes de la columna de agua tal como el plancton y el necton, y dentro y encima de la capa de hielo misma. Algunos de esos lugares podrían contener asociaciones complejas de formas de vida, incluyendo tanto a formas microscópicas y macroscópicas, como a depredadores y victimas», explica el paleobiólogo Jere H. Lipps de la Universidad de California. Las teorías son muchas y de lo más diversas, limitándose por el momento a meras suposiciones. Para Stephen Hawking, estos organismos deberían presentar características similares a las de las criaturas de los abismos de los océanos de la Tierra, incluyendo bioluminiscencia y una cadena de nutrientes establecida alrededor de las fuentes hidrotermales.

Así, tal vez, existirían animales acuáticos sencillos, sin ojos, parecidos a crustáceos y pólipos. Las formas de vida más complejas podrían utilizar la electrolocalización, un método de caza muy eficaz en el agua. El gran desafío para las plantas sería la forma de hacer la fotosíntesis ante la falta de luz, así que deberían obtener energía mediante una fórmula alternativa. Y es que tal vez lo que se encuentre sea totalmente opuesto a la vida conocida o, incluso, que como en tantos otros lugares del Universo, simplemente, no haya nada. Solo viajando hasta allí se desvelará el misterio.