Una visita sorprendente y excepcional al frondoso archipiélago arousano
15 jul 2011 . Actualizado a las 06:00 h.«¿Uruguayos?, ¿cómo uruguayos?». «No, jefe, urogallos, urogaaaaallos». «Aaah, vale, urogallos; no, pues urogallos, lo que se dice urogallos, no hay». El diálogo con el vigilante de Parques Nacionales confirma lo que todos sabemos: no hay urogallos en Cortegada, frondoso archipiélago arousano perteneciente a las Islas Atlánticas. Es verano y hace un calor matizado. Factores que en ocasiones conjuran extrañas coincidencias. La de hoy es excepcional. María Suárez, bióloga y veterinaria, es la supervisora técnica y científica del, por ahora, único centro de cría y reserva genética del urogallo cantábrico, en Asturias, una de las doce subespecies que sobreviven en Europa.
Hace años que en Galicia se considera extinguida la pita do monte, magnífico símbolo crepuscular de los Ancares, su último bastión galaico. Algo así como nuestro oso panda. María, con la que coincidimos en Cortegada junto a Alejo Sabugo, productor del documental Ellas son África, a cargo de la Agencia de Cooperación, no disimula su pasión por un ave cuyo canto inundaba, hace apenas unas décadas, bosques y páramos.
De momento, en el fin del viejo mundo se trabaja en la restauración de un hábitat en el que, tal vez en un futuro, la subespecie podría ser reintroducida. Mientras, resiste en el oeste asturiano y en el norte de León. Observando el cerrado bosque de laurel que engalana la isla arousana, no es extraño preguntarse por qué no aquí. Para empezar, ni jabalíes, devoradores de almejas y huevos, ni el luciferino rebaño de cabras que hoy trisca a su aire. Unos arándanos tampoco vendrían mal.
serxio gonzález