El héroe que humanizó el espacio

Raúl Romar García
R. Romar REDACCIÓN / LA VOZ

SOCIEDAD

Rusia conmemora los cincuenta años del histórico vuelo de Yuri Gagarin

08 abr 2011 . Actualizado a las 06:00 h.

«Vámonos». Eran las 7.07 horas del 12 de abril de 1961 y el pulso del astronauta latía a 150 pulsaciones en el momento de pronunciar la frase. Fue justo cuando empezó a despegar la cápsula Vostok 1. Luego, durante unos tres minutos, se hizo un silencio que solo se vio interrumpido por otra frase: «Veo la Tierra, ¡es magnífico!». Todo marchaba bien, mejor incluso de lo previsto en una misión de alto riesgo en la que Yuri Gagarin, al cabo de un trayecto de 108 minutos, se convertiría en el primer hombre en el espacio, en realizar un vuelo a la órbita terrestre. Desde entonces, cincuenta años después, más de 500 personas de más de treinta países, entre ellos España, siguieron su mismo camino. Pero probablemente nada habría sido igual si este ex obrero del metal, hijo de un carpintero y una campesina, no hubiese cambiado el rumbo de la historia.

La era espacial ya se había iniciado, incluso antes del lanzamiento del primer satélite artificial, el Sputnik, en octubre de 1957. Luego siguieron otros hitos, como el viaje al espacio de la primera criatura viviente, la perra Laika en noviembre del mismo año. Los acontecimientos se sucedían con rapidez, con la antigua Unión Soviética siempre por delante de su gran rival, Estados Unidos. Pero esta frenética carrera transcurría en buena parte al margen de la opinión pública. Faltaba un icono de carne y hueso que suscitase la pasión entre las masas y permitiese su despegue definitivo. Y ese no fue otro que Yuri Gagarin, el primer héroe del espacio, un rostro humano en órbita.

Las fotografías de este valiente explorador con casco, de 27 años, se convirtieron en un icono del siglo XX. Las imágenes de su rostro sonriente humanizaron el espacio para el gran público y también le otorgaron calidad humana a la sociedad soviética del momento, que lo acogió como a su gran héroe. Pero fue algo más, fue un icono mundial, ya que su gesto pasó a convertirse en un hito de la humanidad, el que realmente permitió el gran despegue espacial.

Era, también, la imagen que quería ofrecer la Unión Soviética al mundo, la de confianza, profesionalidad, espíritu de equipo, amabilidad y valentía. Por estas cualidades fue por las que sería elegido Gagarin, que no era un gran líder, frente al otro astronauta seleccionado para la prueba, Gherman Titov. Por eso, y porque Gagarin era de origen humilde, lo que conectaba más con el ideario ruso, y el nombre de su oponente tenía una fuerte resonancia alemana. Aunque la guerra espacial siguió años después, Gagarin fue también, en cierto modo, el precursor de la necesaria cooperación mundial para la conquista humana del cosmos y un firme defensor de los valores de la Tierra. Su visión del planeta desde el cielo le ofreció una panorámica más global. «Pobladores del mundo, salvaguardemos esta belleza, no la destruyamos», fue su mensaje.

Este mensaje de colaboración internacional fue el que resaltó el director de la Agencia Espacial Europea, Jean-Jacques Dordain: «Nuestro futuro es global. En los próximos 50 años veremos una mayor cooperación. Vamos a salir, hacia la Luna o a Marte, juntos». Es el legado de Gagarin.