El peligro del coche amarillo

T. López

SOCIEDAD

Los taxis de Nueva York, considerados los peores del mundo, se hunden más tras descubrirse que estafan 4 euros por viaje

21 mar 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

Ni Madoff ni los ejecutivos de Lehman Brothers. Los últimos villanos de Nueva York llevan tapicería de plástico y dados en el retrovisor. Son los taxistas, el 90% nacidos fuera de EE.?UU., y que ahora se ha sabido que cobran unos 4 euros de más por viaje.

Menos mal que nacieron para paliar una estafa, ya que hasta 1907 los cocheros cobraban lo que querían por los viajes; Harry D. Allen montó la New York Taxicab Company, que cobraba por millas recorridas y cuyos conductores eran amables y limpios. Más de un siglo después este esfuerzo parece haber caído en saco roto a la vista de la cantidad de personas que aseguran haber sido maltratadas por algún taxista neoyorquino.

A la española Paula Campanaro, por ejemplo, uno llegó a tirarle la copa de café a la cara después de una encendida discusión por su forma de conducir. «Antes le había pedido en repetidas ocasiones que redujera la velocidad, pero no me había hecho caso», asegura esta valenciana afincada en Manhattan, quien en otra ocasión tuvo que llamar a la policía porque un taxista se negó a llevarla hasta Brooklyn.

Esta supuesta temeridad ha sido fuente inagotable de bromas, como demuestran las camisetas que se venden en la calle Bowery y cuya leyenda reza « Yo sobreviví a un taxista neoyorquino» . Y en Facebook 200 personas forman el grupo Lo suficientemente valiente para subir, lo suficientemente afortunado para bajar, compuesto por turistas de todo el mundo y en donde cada uno cuenta su propia experiencia.

Pero no todo son malas experiencias cuando se habla de un taxista en Nueva York. En enero, por ejemplo, un taxista conseguía ganarse el corazón de sus conciudadanos tras devolver intacta una bolsa con 21.000 dólares que una anciana se había dejado olvidada. O aquella anécdota protagonizada por el violinista Philippe Quint, quien, tras dejarse en el asiento de atrás un Stradivarius de 4 millones de dólares, lo pudo recuperar.