«Me parece que todos me miran»

SOCIEDAD

Mariana Reyes Jiménez salió ayer por primera vez de su casa ourensana tras haber sido de dada de alta de la gripe A(H1N1). Volver a la normalidad no resultó tan fácil

09 may 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

Muchas cosas habían quedado pendientes en la vida de Mariana Reyes antes de su viaje a la localidad mexicana de Catemaco para visitar a su familia el pasado 9 de abril. Además de los abrazos de sus padres, Mariana trajo consigo el virus A(H1N1) y, por lo tanto, una cuarentena que la alejó a ella y a su marido, ourensano, de cualquier contacto con el exterior. Justo un mes después de su partida a México, Mariana recuperó su libertad sanitaria y con ella intentó regresar a la normalidad de su vida en Ourense. Lo primero: renovar la cartilla del Inem, validar su título de bachiller y dar los primeros pasos para conseguir la nacionalidad española.

Nos citamos en la parada del autobús. Llega en un repleto número 13 desde la localidad de Vilar das Tres, en donde reside. Tímidamente -Mariana tiene 21 años- nos indica que lo primero es renovar la cartilla del Inem. «Me da la impresión de que todo el mundo me mira», dice nada más dejar el autobús. Sus rasgos mexicanos son más que evidentes. «No te preocupes -le contesto-, son impresiones tuyas». Palabras que más tarde, si hubiera podido, borraría. La gente la mira por la calle, es verdad.

En la oficina del Inem, frente al jardín de O Posío, renueva su cartilla y se encuentra con una amiga. Se besan y comparten un breve «¿qué tal?». Da la sensación de que la conocida no sabe nada de lo sucedido a Mariana. Un sello sirve para cumplir los requisitos y seguimos la marcha. «Voy a convalidar mis estudios de bachillerato», me explica mientras esperamos de nuevo el autobús. La siguen mirando. De camino me explica que a ella le gustaría sacar el carné de conducir para no tener que depender tanto del autobús y que lo que ella sabe hacer son trabajos de secretariado, como su madre. «Aquí he trabajado en un motel, pero tras los quince días de prueba no me renovaron», cuenta.

Llegamos al parque de San Lázaro y la siguiente cita es en la Subdelegación del Gobierno. Llegamos a la zona de emigración y nos dicen que desde hace unos meses los estudios de bachillerato se convalidan en otro edificio cercano. «¿Cuando volverás a México?», le pregunto de camino. «Creo que en diciembre», responde y me siguen explicando que en su casa todos están bien. En la cuarta planta de la biblioteca pública de la calle Concejo se encuentra nuestro destino. Nos recibe una mujer en la oficina, que amablemente se presta para el reportaje. Mientras hace unas llamadas le pregunta a Mariana: «¿Y tú, ¿de donde vienes?». «De México», responde. El silencio inunda la oficina y la sonrisa de la mujer se torna congelada mientras empuja su silla para atrás. «¿De México?... Ay, no, no. No tengo nada contra ti, pero es que yo con esas cosas... Espera que mejor llamo a mis jefes para que te hagas las fotos allí». Mariana me mira y yo asiento. Finalmente, ante nuestra insistencia, conseguimos que la mujer le arregle los papeles. Nos vamos casi sin hablar. Las dos sabemos lo que pensamos.