La consola de Nintendo revolucionó el entretenimiento portátil al introducir los cartuchos de juegos intercambiables
14 abr 2009 . Actualizado a las 02:00 h.Fue como democratizar los videojuegos. Los niños y adolescentes de los años ochenta se peleaban por las Game & Watch, las célebres maquinitas de Nintendo que proporcionaban horas de diversión en sus pantallas LCD monocromo -algunas con el escenario sobreimpresionado en color-, a pesar de sus limitados controles y de la repetición de movimientos. Una cruceta y un par de botones bastaban para manejarlas. Super Mario, Donkey Kong... Algunos de los personajes más famosos de los videojuegos nacieron con estas primitivas consolas electrónicas. Pero había que compartirlas, y eso significaba dejar de jugar. Entonces llegó la Game Boy.
El fabricante japonés presentó en 1989 su nuevo dispositivo portátil: un ladrillo gris de cuatro centímetros de grosor y 300 gramos de peso en el que el juego no venía impreso en sus circuitos, sino en cartuchos intercambiables. Un avance tecnológico que abrió nuevas posibilidades de entretenimiento. No solo se podían prestar los juegos y seguir jugando con la máquina, sino que esta ya no corría el riesgo de acabar olvidada en un cajón. Cada vez que se introducía un cartucho nuevo era como estrenar consola.
El cambio trajo consigo un impulso en el desarrollo de los videojuegos. Los primeros títulos tenían como protagonistas a los héroes de Game & Watch, pero pronto el público se cansó de pasar las horas pisando setas y explorando tuberías con Mario y Luigi. Se adaptaron juegos de máquinas recreativas, como el exitoso Tetris, o sagas de dibujos animados (Pokemon). El perfil de usuario se amplió y los veinteañeros empezaron a llevar una Game Boy en la mochila.
A la primera versión de la consola, que llegó a vender más de 100 millones de unidades, le sucedieron las rejuvenecidas Game Boy Color, Advanced, Pocket, Advance SP, Micro... La competencia tampoco se quedó parada, especialmente la compañía nipona Sega, que lanzó al mercado modelos similares y con nuevas opciones. Pero sería Sony, con la PSP, la que intentaría destronar a la Game Boy. Mayor pantalla, mejores gráficos, una de las principales corporaciones tecnológicas del mundo detrás... Lo tenía todo para triunfar. Pero Nintendo respondió con la DS, una consola de doble pantalla -una de ellas táctil- que recuperaba el sabor de las añejas G&W y apuntaba a un nuevo target, el público adulto, con juegos de lógica y memoria como Brain Training.
La guerra de las consolas ya es historia y, al igual que ha ocurrido con sus hermanas de salón (la Wii y la Playstation 3), la DS acabó barriendo a la PSP. Nintendo acaba de poner a la venta la tercera versión, que incluye cámara fotográfica, y se rumorea que la próxima será además un teléfono.
Satoru Iwata, presidente de la firma con sede en Kioto, lo tiene claro: «El entretenimiento portátil tiene un gran futuro y Nintendo seguirá apostando por los videojuegos» como parte de una identidad que se ha mantenido con los años. Fue Gunpei Yokoi, un diseñador que trabajaba para Nintendo, quien tuvo la idea de crear las primeras consolas portátiles tras ver en un tren cómo un aburrido hombre de negocios mataba su tiempo jugando con los botones de una calculadora de bolsillo. Hoy las Game & Watch son pieza de coleccionistas y la Game Boy original -en eBay se puede conseguir desde cinco o diez euros- pronto seguirá el mismo camino.