SERIE BE
26 nov 2003 . Actualizado a las 06:00 h.«¿Es cierto que allí donde vives hay personas que padecen una enfermedad que les lleva a trabajar mucho, mucho, todo el tiempo, sin parar y que eso les pone nerviosos y no duermen ni nada? Me han dicho que la enfermedad se llama 'ese tres', o así». La inquietud la expresaba hace unos años un joven saharaui que intercambiaba experiencias culturales con un español a la luz de la Luna de Marruecos. No acertaba el saharaui a comprender qué extraño mecanismo biológico acompañaba a los seres del norte en ese afán desbocado por no parar, con lo clarito que él tenía que la vida hay que tomársela al ritmo lógico que la vida misma impone. Más al norte del lugar en el que tuvo lugar esta conversación, algunos han empezado a comprender que ese 'ese tres'-estrés mortal incomprensible sólo puede ser combatido desde dentro. Hace unos años, un local de moda de Madrid habilitó una vitrina de espeluznantes estatuillas de porcelana barata que los clientes del local podían adquirir a un precio módico. El bareto construyó una especie de túnelcillo con una generosa pared de fondo contra la que los estresados clientes podían estampar las figuritas. Se proponía acompañar el ejercicio de un alarido adaptado a las angustias del cliente. La artimaña liberadora funcionaba y una salía del antro como con las tripas relajadas. Unos emprendedores sorianos acaban de descubrir que en la liberación del estrés hay negocio: ofrecen un paquete turístico anti agobios varios que incluye la destructoterapia, que permite a los clientes emprenderla a mamporros contra un coche, mientras se pronuncia un insistente mantra: «Me cago en el copón».