El Concorde pliega definitivamente sus alas

Jesús Fraga REDACCIÓN

SOCIEDAD

Agencias

Hoy aterrizará por última vez en París después de cruzar el Atlántico procedente de Nueva York Cuatro aparatos se expondrán en otros tantos museos de aviación.

30 may 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

?l Concorde despegó ayer del aeropuerto parisino Roissy-Charles de Gaulle con destino a Nueva York por última vez. Hoy regresa para ser recibido con los honores que corresponde a un hito de la aviación civil que se despide después de 27 años de vuelo. El alto coste de mantenimiento, el descenso de pasajeros y el accidente en el que murieron 114 personas cuando se inflamaron los tanques de combustible de una de las aeronaves en julio del 2000 han acabado por jubilar a un alarde de la técnica que Air France y British Airways mantenían por prestigio. Pero el prestigio no basta en estos tiempos de ataques terroristas y guerras: la tasa de ocupación bajó hasta el 20 por ciento; muchos se lo pensaron dos veces antes de desembolsar 8.700 euros por un viaje de ida y vuelta que les colocaba al otro lado del Atlántico en menos de cuatro horas. La jubilación del Concorde le supondrá a Air France un ahorro de entre 30 y 50 millones de euros anuales. De todas formas, el adiós definitivo llegará en octubre, cuando se retiren también los siete aparatos con los que opera British Airways. De los cinco de propiedad francesa, cuatro se destinarán a museos de aviación, en Francia y Alemania, y el otro se podrá ver en las pistas del aeropuerto parisino donde hoy aterrizará por última vez. El capricho de Branson No todos estaban dispuestos a ver cómo jubilaban al Concorde y no sólo por motivos de nostalgia. El multimillonario británico Richard Branson, propietario del imperio Virgin, pretendía comprar los aviones. «Deberíamos mantenerlos en el aire aunque sólo sea por preservar su memoria», afirmó. Pero hay serios inconvenientes que han hecho imposible el capricho de Branson: los repuestos del Concorde dejaron de fabricarse hace tiempo y el personal con la especialización necesaria para hacerlo volar con garantías está empleado en Air France y British Airways. Tendrá que contentarse con verlos en los museos. Paradójicamente, fue la propia tecnología la que se convirtió en un impedimento para la vida comercial de lo que nació en los años 60 como una apuesta puramente tecnológica. La estela ruidosa que dejaba tras de sí el Concorde suponía que no podía sobrevolar a su velocidad máxima sobre tierra -en A Coruña aún se recuerda el estruendo que causó durante una semana, antes de que se variase la ruta-, y su autonomía de vuelo de 5.682 kilómetros descartó la línea más rentable, entre Los Ángeles y Tokyo. Durante años, el Concorde fue el símbolo de una jet set trasatlántica en la que brillaban como pasajeros Sting, Barry Gibb o Joan Collins. Concorde, caviar y champán A pesar de lo angosto del interior del avión, el Concorde no ahorraba en lujos y se hizo famosa la trilogía de Concorde, caviar y champán. Ayer se descorcharon las últimas botellas de espumoso francés para brindar siendo conscientes de que era un día histórico. Una azafata no pudo reprimir las lágrimas al ver despegar el avión mientras se quedaba en tierra.