Hoy me ha dado por ponerme filosófica, ya ven qué tontería, y por pararme a pensar adónde iría si por unas horas pudiera ser invisible. Como últimamente ando, como todo el mundo, muy sensibilizada socialmente con la que está cayendo, lo primero que me viene a la cabeza es irme directa a algunos despachos de los que mandan para averiguar cómo se toman de verdad algunas decisiones. ¿Se imaginan las exclusivas que podría contarles? Ya veo los titulares: «George Bush se juega al póker con socios y amigos los pozos de petróleo iraquíes», «Aznar sigue hablando con acento yanqui, pero sólo en la intimidad». Y luego, ya fuera del horario laboral, me daría una vueltecita por algún lugar más emocionante, como por ejemplo las casas de George Clooney o Pierce Brosnan, por empezar por algún sitio al azar. Se preguntarán a qué viene toda esta disertación sobre la invisibilidad, pero la cosa tiene su por qué. Y es que aquello que hasta ahora habíamos visto en las películas, aquel hombre que se hacía invisible cuando se envolvía de pies a cabeza con unas gasas cual momia egipcia, hoy parece más posible que nunca. Me baso en el chubasquero éste de la foto. Lo que ven sobre él no es un estampado, sino el paisaje urbano que se encuentra justo detrás de la portadora, lo cual la convierte en invisible a todos los efectos. El asunto tiene su complejidad. El abrigo lleva incorporada en su parte trasera una videocámara que envía la imagen a un proyector y éste, a su vez, la rebota a la parte frontal de la prenda, que está hecha de material reflectante similar a una pantalla de cine. El ingeniero japonés Susumu Tachi, responsable del avance, asegura que éste no es más que el primer paso de una tecnología que promete hacernos transparentes algún día. Fue una de las uniones más extravagantes del mundo del espectáculo: el matrimonio en 1994 entre el autoproclamado rey del pop y la hija del rey del rock, algo de lo cual Lisa Marie Presley confiesa no sentirse orgullosa. En una entrevista en Rolling Stone, la ahora cantante afirma que su atracción por Michael Jackson, el segundo de sus tres maridos, era real y que se enamoró de él por su misterio, porque quería protegerlo de las acusaciones de abuso infantil por su patética (¿e ilegal?) afición a dormir con niños y porque estaba convencida de que juntos podrían «salvar al mundo». Tiemblo con sólo imaginar de qué pretenderían salvarnos estos dos. Página en Internet: www.lavozdegalicia.es/pachin.html