El terrorismo, en casa

Sara Carreira Piñeiro
SARA CARREIRA A CORUÑA

SOCIEDAD

Las mujeres exigen que haya juzgados especializados, que se cumplan las normas y se acabe con la tolerancia hacia el agresor Desde que en 1995 se celebró en China la primera cumbre de y para mujeres, las cosas han ido cambiando poco a poco para las féminas de gran parte del mundo. En España se han ido alcanzando pequeñas metas y, según dijo el pasado marzo la directora general de la Mujer, Asunción Miura, «cada vez menos personas soportan las palizas» y las «denuncias se producen por agresiones más leves». Esto se traduce en datos: en 1995 se denunciaban 16.000 malos tratos, cifra que se alcanzó este año en el mes de agosto. El reto es ahora conseguir que todas las declaraciones, normas y leyes se apliquen con rigor y, sobre todo, rapidez.

24 nov 2000 . Actualizado a las 06:00 h.

Tras años de denuncias y esfuerzos, parece haberse superado el primer paso: dar a conocer la existencia de un terrorismo doméstico que mata a unas sesenta mujeres cada año en España. Ahora las expertas aseguran que sólo falta hacer cumplir a rajatabla la ley. Esta protegería suficientemente a la mujer, siempre y cuando se aplicase rápida y eficazmente. En este sentido, las últimas iniciativas tienen todas una parecida orientación: Alecrín (colectivo gallego en defensa de la mujer) pide juzgados especiales para malos tratos e incluso otros grupos quieren un tribunal abierto las 24 horas del día; el fiscal general del Estado es partidario de modificar la ley sobre violencia doméstica; las mujeres juristas reunidas esta misma semana en Mallorca pedían que el sistema judicial «otorgue credibilidad a las declaraciones» de las mujeres, terminando con «la tolerancia hacia el agresor», asumiendo que «la suya es una conducta desviada»; y José Sanmartín _director del centro Reina Sofía para el estudio de la violencia_ solicitó «que el Gobierno brinde a las maltratadas la misma protección oficial de la que goza cualquier concejal amenazado por ETA», ya que «conviven con terroristas». La prueba de que la realidad es algo más justa con las mujeres es, por ejemplo, una sentencia de este año, que condena por torturas a un hombre que maltrataba a su esposa, algo innovador en España.