Plataformas de «streaming»: bienvenidos al pasado


Cuenta el chiste popular que existe gente que se ha sacado dos carreras en las pausas publicitarias de Antena 3. Con las plataformas a la carta, el tiempo se pierde a veces como en las cadenas comerciales, aunque de otra manera. Los minutos se escapan en ocasiones merodeando por un interminable carrusel de títulos en el que nada parece apetecible. Es en esos instantes cuando los clásicos que un día se emitieron por la televisión de toda la vida se convierten en valores seguros para el mundo moderno. No hay más que revisar algunas de las últimas facturas emitidas estos días por los grandes servicios de streaming. La contabilidad demuestra que las grandes guerras por la prevalencia digital se están librando tanto en el fondo de sus catálogos como en su lista de novedades.

Seinfeld, la comedia de los noventa, se convirtió esta semana en uno de los grandes fichajes de Netflix. Con esta adquisición se sacaba la espina que dejó clavada el hecho de que Friends le dijera a sus abonados que, al contrario de lo que promulgaba su famosa canción, no estarán siempre ahí para ellos. Los seis amigos se marcharán pronto en exclusiva al futuro servicio de HBO Max, la misma plataforma que acaba de pagar una cifra récord por tener a The Big Bang Theory solo para ella. También el futuro streaming de la NBC, Peacock, pondrá en su catálogo un título de referencia, The Office, por el que ha desembolsado otra millonada. Mientras que antes las series eran por definición algo efímero, hoy su vida y su rentabilidad parece estirarse hasta el infinito.

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