Una selectividad poco selectiva

Alberto Magro VIGO

SELECTIVIDAD

FOTOS: M. MORALEJO

Crónica | Comienzan los exámenes más temidos Nueve de cada diez alumnos superan una prueba que cada curso suspende menos gente, pero eso no evitó que ayer se repitiesen nervios, agobios y atracones de estudio de última hora

13 jun 2007 . Actualizado a las 07:00 h.

David fuma nervioso en la entrada de la facultad de Filología. Se ha pasado la noche sin dormir y ha mojado su desayuno con cuatro cafés antes de afrontar los primeros exámenes de selectividad. «Estoy atacado», confiesa, mientras apura su pitillo como si fuera el último. Lo mismo le pasa a Iria, que a unos metros cuenta que no se acuerda de nada de lo que ha estudiado en los últimos días. «Estoy en blanco», dice, como contribución personal al nerviosismo que lucen sus compañeras de pandilla. A unos cientos de metros, en la Facultad de Ciencias, Laura y Eva roen los bolígrafos con saña después de enfrentarse al artículo de La Voz de Galicia que protagonizaba una de las opciones de la prueba de gallego. «Era fácil, lo esperado, pero estoy fatal igual», apunta una de ellas. Han pasado el primer trago, el más difícil, pero aún están nerviosas. Y eso que han estudiado, como Aarón, que deja claro que la selectividad aterra incluso a los más acostumbrados a sacar nota. Porque a Aarón, que llega a la prueba respaldado por un buen expediente y por el temple que confiere clasificarse para la fase final de la olimpiada mundial de Biología, advierte de que sigue estando muy nervioso. Un examen «sencillito» Todo por la prueba más temida, la selectividad, un atracón de exámenes de tres días que casi nadie suspende. El año pasado, nueve de cada diez bachilleres vigueses superaron el trance sin mayores problemas. Y el anterior, otros tantos hicieron lo propio, demostrando que el examen es en realidad un obstáculo con el que muy pocos tropiezan, un trámite más en el poco selectivo camino que lleva a la universidad. Lo corroboraban a pie de aula los profesores, que aseguraban que las pruebas fueron «sencillitas»»: en lengua española, un texto a elegir entre Javier Cercas hablando de la educación y su ministra, o un fragmento de La Fundación, de Buero Vallejo; y en gallego, un artículo sobre la eutanasia escrito por Victoriano Prieto para La Voz o unos párrafos de la obra de Xabier Quiroga. «Es lo que hemos preparado durante todo el curso», confirma un profesor del instituto Santa Irene. Pero ni la sencillez de las pruebas, ni la abrumadora estadística de aprobados reducen la mística de la selectividad, capaz de atacar los nervios de los más templados. Lo logró el primer día, y lo seguirá haciendo hoy, cuando la cosa se pone seria: llegan las matemáticas y la física, para temor de unos alumnos a los que ya no les quedan uñas que morder.