Las inmobiliarias reclaman en muchas ocasiones a sus clientes que mejoren el estado de sus viviendas. La ventaja de no tener que pagar en verano no es suficiente garantía para que los inquilinos se queden. «Un 50% de los estudiantes repite piso al año siguiente», explican en Fonseca. Este porcentaje refleja que ahora los jóvenes vienen mucho más preparados a la hora de buscar un lugar donde vivir, saben lo que quieren y no están dispuestos a pagar más por una vivienda que no lo merezca. Marta es una estudiante de la USC que lleva aquí cuatro años en los que se ha encontrado de todo, pero según ella «ahora la gente no se deja engañar. Exigimos unas necesidades que consideramos básicas para vivir bien y a gusto». En las agencias tienen claras las demandas de los clientes: «Lo que más piden es calefacción, eso es imprescindible casi siempre, después unos buenos muebles y el estado del piso en general». Luego ya vienen otro tipo de lujos que también se tienen en cuenta pero no condicionan el alquiler de un piso, como algunos caprichos en cuanto a equipación, sobre todo en la cocina y en el salón (vídeo o DVD), la situación del edificio o si tiene ascensor, pero lo que no cambia es que el dinero sigue siendo el aspecto más importante a la hora de decidirse por una vivienda.