Puri: «En las dos tiendas de Santiago y Padrón dicen que nos echarán de menos, pero me mentalicé de jubilarme»

Olalla Sánchez Pintos
Olalla Sánchez SANTIAGO

SANTIAGO

Xoan A. Soler

Nació para vender y se hizo a sí misma, abriendo dos tiendas en Padrón, de las que conserva una, e inaugurando en el 2005 en la rúa da Caldeirería de Santiago, Puri Boutique, una tienda especializada en zapatos y bolsos de fiesta. En febrero, por jubilación, cierra ambas. «Invitadas a bodas comentan que llevan zapatos míos y otras exclaman: ''¡Yo también!''», señala

01 feb 2026 . Actualizado a las 10:19 h.

Admite sonriendo que nació para vender y que se hizo a sí misma. «Dicen que siempre fui arriesgada. Una tienda es riesgo...», reflexiona Purificación Laura Cajaraville, conocida como Puri, desde Puri Boutique, el comercio de zapatos, bolsos y complementos de fiesta que abrió en el 2005 en la rúa da Caldeirería de Santiago, y en el que, desde hace semanas, anunció con un cartel que, por su jubilación, sobre finales de febrero liquida. «Muchos afirman estos días que echarán en falta la boutique en el casco histórico, pero estoy mentalizada de jubilarme. Aunque fue decisión mía, mi marido y mis dos hijos me lo pedían desde hace tiempo. El mes que viene cierro este comercio y el de Padrón, donde arranqué», evoca.

«Nací en Lestrobe. Ya casada, viví en Padrón y luego en Santiago. En el sector del comercio empecé de pequerrecha, junto a mi padre. Él tenía un almacén de distintos productos, como de cerámica. En 1991, con 41 años, abrí mi primera tienda en Padrón, en la rúa Rosalía de Castro, en la que di continuidad al negocio familiar. Poco después, la reformé y la orienté a decoración, con muebles pequeños. Me apasiona decorar y creo que tengo gusto. También dicen que tengo estilo vistiendo», señala con timidez. «En el 2000 abrí un segundo comercio en esa localidad, enfocado a bolsos, y al que pronto añadí calzado de fiesta, un ámbito no sencillo, pero en el que veía un hueco. Nunca me amilané», realza, y relata cómo hace 21 años se decidió a abrir otra tienda en Santiago.

XOAN A. SOLER

«En una de las arterias comerciales de la zona vieja, en la conocida como calle de los zapatos, quedó libre este local, y no dudé. Entendía que había potencial, también por el turismo y por esa gente que me conocía y me animaba a venir... Santiago me acogió muy bien. Al principio, y mientras en Padrón concentraba ya todo en una tienda, aquí arranqué con bolsos, muchos de piel o de nácar por los que se venía exprofeso, y maletas. En verano podía vender 20 al día. Se hacía la caja con ellas. ¡Cuántas Samsonite salieron de aquí!», recuerda.

«Incorporé calzado, una de mis pasiones, y la gente me empezó a encasillar aquí con fiesta. Las clientes me contaban que, en bodas, se fijaban en los zapatos de otras invitadas y preguntaban si eran de esta tienda. Al escucharlo, muchas exclamaban: “¡Y yo también!”», cita con orgullo. «Aquí compraron los zapatos muchas novias y la prueba de que quedaron contentas es que repiten en el bautizo de los hijos... Tenemos clientes de varias generaciones», añade agradecida mientras repasa un escaparate que se caracterizó por artículos coloridos. «Siempre escogí zapato llamativo, también de flores o cuadros. Las compañeras decían: “¿Cómo elegiste esto?” Y salían los primeros», defiende.

«Iba a la feria de calzado de Madrid, y dos veces al año, a la de Milán, a ver si hallaba algo diferente. En botas, con nuestro tiempo, quería que fuesen de gore-tex, pero con estilo. Traje marcas que no estaban tan extendidas en la zona, como las Högl austríacas, y que al serles aquí económicas, también compraban los extranjeros. Sé poco inglés, pero siempre me manejé. Soy directa», asiente. «Envié de esas botas a Francia. Unos alemanes me enviaron fotos con ellas», añade. «Me gustaba probar todo el calzado. Una vez, en Milán, llevando yo puestas unas zapatillas blancas y negras de Alex, una marca italiana, vi que dos mujeres rusas no paraban de mirarme a los pies. Al final nos siguieron y las llevamos al estand de donde eran. Todos se reían», apunta. «No tengo mucho calzado, pero, cuando la gente me pregunta, digo que poseo tanto como Imelda Marcos», bromea, en alusión a la exprimera dama filipina a la que se le hallaron miles de zapatos. «Siempre aconsejo tener calzado rojo como fondo de armario; también, acudir seguras de sí mismas a eventos, encontrarse bien. Se busca ir toda conjuntada y yo animo a romper un poco», enlaza.

Sobre el cierre, aclara con orgullo que sus dos hijos trabajan fuera como ingenieros y que, ahora, también por el precio de los alquileres, es complicado encontrar a alguien que asuma un negocio. «La vuelta al comercio de proximidad que se vio tras el covid, no se aprecia», razona. «Aún así, no me voy por eso. Innové, y me dio resultado, pero toca iniciar nueva etapa», acentúa.