Conchita Núñez Pardo de Vera: «Me llena investigar y avanzar sobre la enfermedad celíaca, aún infradiagnosticada»
SANTIAGO
La santiaguesa preside la Sociedad Española de Enfermedad Celíaca y que, desde hace 21 años, investiga sobre ello en el Instituto de Investigación Sanitaria del Hospital Clínico San Carlos de Madrid. «Con una prueba, desarrollada en mi laboratorio, ayudas a gente que duda si es celíaca», señala
11 ene 2026 . Actualizado a las 14:23 h.Las Navidades, con sus celebraciones, pueden suponer un hándicap para los celíacos. «La mayoría de los pacientes, aún así, son estrictos y conscientes de su dieta sin gluten. La necesitan para sentirse bien, y no fallan», realza Conchita Núñez Pardo de Vera, la santiaguesa, de 52 años, que preside la Sociedad Española de Enfermedad Celíaca y que, desde hace 21 años, investiga sobre ello en el Instituto de Investigación Sanitaria del Hospital Clínico San Carlos de Madrid. «Me hubiera encantado desarrollar mi carrera en Santiago, pero asumí que iba a ser difícil volver. Allí estoy contenta, pero a terra é a terra», admite durante sus vacaciones en su ciudad.
Tras crecer junto a sus cinco hermanos en la rúa San Clemente y en el campus, donde su padre era catedrático de Física Aplicada, y estudiar en el CEIP Pío XII y en IES Rosalía de Castro, fue al encontrarse con la biología molecular cuando se decidió a estudiar Bioloxía en la USC. «Tardé en decidirme, porque me gustaban muchas carreras de ciencias. Sabía ante todo que quería investigar y orientarme a la genética, en la que centré mi tesis doctoral. Hice luego un posdoctorado en la facultad de Medicina de la Vrije Universiteit de Ámsterdam sobre la enfermedad de Crohn. Al acabar, mi director de tesis quería que volviese a Santiago, pero ante la dificultad de lograr contratos, y habiendo trabajado allí con un compañero que estaba en el Hospital Clínico San Carlos, y ofrecerme un puesto en él, en el 2004 me incorporé con una beca a su Servicio de Inmunología. Luego logré un contrato como investigadora en el Sistema Nacional de Salud», evoca.
«Casi desde el inicio me dediqué a la enfermedad celíaca, que, dentro de las digestivas, era como la hermana pequeña. En una clara apuesta, conseguí un proyecto con financiación específica. El laboratorio era pionero en estudios de genética; lo que hice fue expandirlo al campo del diagnóstico. Estamos muy contentos porque desarrollamos un método diagnóstico para pacientes que ya han iniciado una dieta sin gluten, que se ha implementado en algunos hospitales y que sabemos que ayuda. Con una prueba, desarrollada en mi laboratorio, ayudas a gente que duda si es celíaca», razona, con ejemplos. «Un paciente tenía una clínica muy acusada cuando comía gluten, pero su genética parecía descartar la enfermedad. En nuestra prueba dio positivo, lo que sirvió de confirmación. Satisface mucho dar una opción que explica una enfermedad o saber que gente que se quitó el gluten por su cuenta, y que lo debe reintroducir al sospecharse que puede no ser celíaca, se decide a probarlo al ver que nuestra prueba dura solo tres días... No olvido tampoco a una madre que, pese a que la prueba de su hija dio negativo, se sintió escuchada. Te abraza y sientes que lo que haces, vale», encadena.
«Ningún trabajo me podría llenar más, con la pasión por generar conocimiento y ver lo que ayudan los avances», reflexiona, y ahonda en cómo la celiaquía ni debería ser una moda —«Quitar el gluten si no te afecta es un error porque muchos productos sin gluten son más ricos en grasas y azúcares que los equivalentes con gluten»— ni es una intolerancia, sino una enfermedad autoinmune «aún infradiagnosticada» y ante la que no sirve «saltarse la dieta de vez en cuando». «Solo un cuarto de los niños y uno de cada siete adultos está diagnosticado, algo que también en parte se explica por la variabilidad de síntomas, desde algunos clásicos en los niños como diarreas o retraso en el crecimiento a otros, también en adultos, como anemia, migrañas o alteraciones en la piel», señala mientras, por la calle, se le va la vista a los escaparates.
«Sin ser yo celíaca, valoro las tartas de Santiago sin gluten», cita sonriendo. «En los últimos años parece que no creció la prevalencia de la enfermedad; sí la incidencia, porque los avances hacen que se diagnostiquen cada vez más casos», realza, y aclara que fue a finales del 2022 cuando se aupó a la presidencia de la Sociedad Española de Enfermedad Celíaca. «Vieron en mí un perfil que aunaba la parte investigadora con la clínica, al trabajar en un hospital y desarrollar mis investigaciones en torno a los pacientes. Fue un orgullo por ser la primera bióloga en ese puesto y ver que se valora el esfuerzo de los investigadores. Este trabajo es muy duro, pero seguimos ahí... A los pacientes sí los notamos agradecidos porque se investigue su enfermedad. Pero son necesarias más ayudas», recalca.
Sin descanso, relata cómo logró aunar carrera y maternidad de dos hijos. «Tengo gran capacidad de trabajo. Para compatibilizar todo me levantaba de madrugada... La investigación no para, pero hay que ponerse límites. Requiere tiempo, pero es muy bonita», contrapone feliz.