Andrea, 20 cenas de Navidad después, sigue abriendo puertas a los niños hospitalizados en Galicia

Patricia Calveiro Iglesias
Patricia Calveiro SANTIAGO / LA VOZ

SANTIAGO

«No puedo contribuir a que los niños mejoren más rápido, porque no puedo hacer milagros, pero sí para que las familias lleven mejor la enfermedad de sus hijos», dice Charo Barca, quien espera reunir un año más en el pazo de San Lourenzo a unas 500 personas en la gala anual de la Fundación Andrea, que cuenta también con una fila cero para quien no pueda ir presencialmente.
«No puedo contribuir a que los niños mejoren más rápido, porque no puedo hacer milagros, pero sí para que las familias lleven mejor la enfermedad de sus hijos», dice Charo Barca, quien espera reunir un año más en el pazo de San Lourenzo a unas 500 personas en la gala anual de la Fundación Andrea, que cuenta también con una fila cero para quien no pueda ir presencialmente. XOAN A. SOLER

Su madre, Charo Barca, repasa los proyectos que impulsa la fundación creada tras el fallecimiento de su hija mayor con 8 años

26 nov 2025 . Actualizado a las 08:41 h.

Andrea Carballal Barca nació ya enferma, con una parálisis cerebral tetrapléjico-espástica que condicionó su vida y la de todos los que la rodeaban. Esta santiaguesa, la mayor de tres hermanos, falleció a los 8 años y en las Navidades del 2005 sus padres organizaron la primera cena para recaudar fondos con los que apoyar a otras familias con niños hospitalizados en Santiago. Todavía no se había constituido oficialmente la Fundación Andrea (se hizo en el 2006), la cual ha trabajado desde entonces para hacer más llevaderas en Galicia las enfermedades pediátricas de larga duración, crónicas o terminales y en este tiempo se han visto beneficiados directamente 5.000 menores y las personas que conviven con ellos.

Este sábado, día 29, celebrarán una nueva cena navideña en Compostela, en el pazo de San Lourenzo, la decimonovena edición de su gala anual, con el mismo objetivo y muchos proyectos entre manos que mantener y construir. «Este es el momento del año de mayor actividad para la fundación», constata Charo Barca, su presidenta y madre de Andrea. «Nuestra agenda desde la semana anterior a la gala y hasta final de año es un no parar, pero es bonito si pensamos en que la Navidad es uno de los momentos mágicos donde nosotros, y otras entidades que nos ayudan, nos volcamos para hacer que los niños y sus padres sean felices», añade una mujer para la que estas son «fechas alegres, en las que celebrar la vida con los tuyos», a pesar de las pérdidas —a la que se suma le de su padre, el año pasado—.

Todavía quedan entradas (por 60 euros) para acudir a la gala, aunque es necesario adquirirlas ya en www.multiplicandosonrisas.com, y la recaudación obtenida se destinará a cubrir la actividad diaria de la fundación, que gira en torno a tres líneas de actuación.

La primera, son las ayudas de soporte familiar: proporcionar servicios complementarios de fisioterapia, logopedia, terapia acuática, becas para manutención, ortopedia o para cubrir gastos farmacéuticos, además de apoyo psicológico «para que los niños lleven lo mejor posible la enfermedad o incluso sus padres».

En segundo lugar, está el mantenimiento de los tres pisos (con 20 camas disponibles) cerca del CHUS para las familias desplazadas por las enfermedad de sus hijos, abiertos los 365 días del año. Por ellas han pasado este 2025 más de 250 familias y constata Charo que «se han quedado cortas hace tiempo, por lo que a veces los alojamos en un establecimiento y cubrimos sus gastos. A veces hablamos de ingresos de hasta un año y medio, otros son más cortos, pero es un recurso fundamental para las personas que están lejos de sus casa, con hijos que atraviesan enfermedades altamente limitantes». Satisfecha anuncia que «estamos muy avanzados con el Concello de Santiago en el acuerdo de cesión de una parcela para construir en ella un edificio y crear la Casita de Andrea, donde habrá más habitaciones, espacios comunes y todo centralizado para la facilitar la logística del día a día. Calcula que no se hará realidad hasta, al menos, dentro de 3 años, pero es uno de sus proyectos más ambiciosos.

Y, por último, continúan dulcificando espacios pediátricos hospitalarios, en los centros de salud y en los juzgados. Este último ámbito de actuación, es una de las novedades en las que se implicó la Fundación Andrea, recuerda Charo: «Nos lo planteó la jueza decana de Santiago al acabar la última gala, teniendo en cuenta esos menores inmersos en procesos judiciales que pasan por una serie de trámites ingratos, como declarar, ver forenses a veces... para crear espacios amables en los que los niños puedan sentirse más cómodos en situaciones de estrés, siendo que muchos de ellos tienen problemas de salud, físicos o psicológicos. Se hizo en Santiago una sala especial, con murales y vinilos de colores en las paredes, plantas, juegos, material de dibujo. Todo ello, complementado con la la colaboración de Política Lingüística, con la publicación de tres libros en formato de cuento, orientados a distintas edades. Mañana [por hoy] llevaremos este proyecto también a Pontevedra y la idea es ir replicándolo en otros lugares».

Además, concluye, «fuimos pioneros en crear el primer parque infantil al aire libre en un área de Pediatría y el primer hospital que tiene terapia canina. Los perros de apoyo van todos los fines de semana y son dos cosas muy bonitas que son como un soplo de aire fresco para los niños».

De todo ello se hablará este sábado en el Pazo de San Lourenzo, a partir de las 20.30 horas, en una cita en la que es habitual ver muchas caras que repiten, «pero también muchas caras nuevas», aclara la presidenta de la Fundación. Su hija mediana, Ángela Carballal, presentará por tercer año la gala, en la que darán a conocer las personas o entidades premiadas con sus varitas mágicas. No saben aún si podrá asistir este año Javier Gutiérrez, uno de sus padrinos. 

Destaca Charo con orgullo la implicación de sus dos hijos en el patronato de la Fundación Andrea y en todo lo que tiene que ver con sus proyectos desde el principio. «Antonio, el pequeño, tenía un año cuando se murió su hermana y agradezco de corazón que estén los dos así de implicados». El recuerdo de su hija mayor sigue más vivo que nunca y las dificultades que en su día pasó su familia, incluidos sus abuelos, para atenderla han servido para mover los engranajes y que miles de ellas hayan tenido el camino más fácil. «Nuestra mayor satisfacción es ser capaces de ayudar a familias en situaciones tan duras como las que vivimos nosotros en su día. Nos hubiera encantado tener a alguien que, al menos, nos dijeran qué podíamos esperar cuando transitas por estos problemas, a ciegas. En las casitas tenemos unos cuadernillos en blanco y sus huéspedes nos dejan reflexiones. Es muy bonito leer que gracias a nosotros todo ha sido diferente. De lo contrario, estarían atados a una silla, al lado de una cama hospitalaria, porque el niño nunca ingresa solo. Los adultos pueden pasar horas, incluso días solos, pero los menores no y esto implica un desgaste tremendo para los acompañantes, físico y emocional».

Por otra parte, la presidenta de la Fundación Andrea agradece la labor que hacen de forma desinteresada la decena de trabajadores que forman parte activa de ella, junto con el más de medio centenar de voluntarios que los respaldan. «Somos la suma de muchas personas y el voluntario es una figura a la que no podemos estar más agradecidos, porque no les mueve una motivación personal y vienen a regalar su tiempo, horas de su vida que le roban a sus hijos y familias, para dedicárselas a los niños ingresados», concluye.