Empleo público y privado


Empleo público y privado conviven o debieran convivir armónicamente. Un país sin sector privado está destinado al ocaso y un estado sin una educación y una sanidad públicas condena a sus ciudadanos a la inequidad más cruel.

También es coherente que las condiciones laborales de ambos sistemas no sean iguales. Bajo unos mínimos legales de horario, salario mínimo y derechos laborales, la empresa privada tiene derecho a pagar más, o menos, y lo mismo ocurre con el empleo público. El sistema de acceso, además, es muy diferente. En el sector privado, nadie puede negarle al empresario el derecho a contratar en función de sus intereses. En la empresa pública, el sistema de acceso mediante el modelo de oposiciones se ha consolidado como el más transparente. Exigente, pero con la recompensa de obtener una plaza fija prácticamente para toda la vida.

Por eso me sorprende el interés de muchos en querer tergiversar el sistema. En empeñarse en funcionarizar a los temporales que nunca aprobaron una oposición. Por falta de tiempo para estudiar, por cargas laborales, por lo que sea. Pregúntenle a un empleado de una empresa privada si tiene tiempo para estudiar.

Uno puede tener más o menos suerte en una oposición, igual que uno puede tener el amparo paterno para pasar dos años estudiándola mientras otro debe compaginar trabajo y estudio. Pero querer hacer funcionarios a trabajadores que no entraron con una oposición es injusto. Y, hablando de injusticias, la diferencia entre bajas maternales por trabajar en un sector u otro se merece otro artículo.

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