Me aburren los supremacistas que creen en razas superiores, pueblos elegidos e historias de hace trescientos años que en nada se parecen a lo que en realidad pasó. Me aburre, por tanto, y muchísimo, el «procés». Una palabra altisonante que oculta una realidad menos épica, la de unos políticos que para ocultar su vergonzosa corrupción -recuerden, el 3 %- chantajearon al Estado amenazando con una independencia imposible e injusta que soflamaron con alegatos a una Arcadia feliz en la que el dinero caería del cielo, la UE se refundaría en torno a Cataluña y declararía Girona capital y las empresas se pegarían por poder instalarse en ese país tan molón. Lo que pasó ni se parece a aquella posverdad pero por el camino hemos perdido muchas cosas. El «procés», por ejemplo, nos ha robado los matices. Hoy, o eres un vil golpista secesionista o un franquista fascista. Y entre semejantes roquedales hay un océano de realidades. Mi difunto y tan amado tío Paco luchó por la República en Valencia y Cataluña, salió de España cuando Franco fue recibido mano en alto por miles de catalanes, abuelos y padres de independentistas de hoy, se enroló en la resistencia francesa contra la Alemania nazi y acabó en un campo de concentración. Salvó su vida de milagro y militó para siempre en el Partido Socialista francés. Él estaría en contra del secesionismo. A él le llamarían hoy facha.
Pero no son solo matices lo que nos han robado estos señores. Por su culpa, hace tiempo que no hablamos de lo que de verdad importa. En Cataluña no se habla de lo mal que los secesionistas han gestionado ese país que antes robaron. Su sanidad es la peor de España y hasta reciben reprimendas judiciales por no sufragar los costes de las guarderías. Pero es que en el resto de España tampoco se debate de nada más. Lo advertía hace poco el ex primer ministro francés, Manuel Valls, hijo de catalán, que decía que el terrorismo islamista había posado sus garras en Cataluña y que nadie hablaba de ello. Y lo que es peor, la extraordinaria movilización de policías y guardias civiles de toda España a Cataluña merma la capacidad de ambos cuerpos en lugares como Santiago. La Unidad de Intervención Policial (UIP) que debería blindar la ciudad en Navidad estará vigilando que las elecciones del jueves transcurran con la normalidad debida. Está bien que los Alí Babás del 3 % utilicen sus amenazas de independencia para que no se hable de sus vergüenzas, pero el resto debemos volver a ocuparnos de lo realmente importante. La despoblación, los incendios, la sanidad pública, la calidad de la educación, la seguridad, la lucha antiterrorista, los sueldos bajos, el paro... Seamos fachas, hablemos de todo esto.