Desnudos de rúa


Es de suponer que, si no fuese por la manzana que se comió Eva, los humanos tendrían hoy muchas posibilidades de circular sin nada encima por la calle. Al menos en días calurosos como los que nos quemaron la piel estos días. Adán y Eva vivían felices y en cueros. A lo sumo utilizaban unas hojas de higuera de vez en cuando, que cubría menos que un tanga deshilachado. Y Dios sonreía viéndoles jugar y solazarse. No les llamó la atención por indecentes. Pero fueron expulsados del Paraíso y la ropa surgió en todos los libros del Antiguo Testamento. La naturaleza libre del Edén hoy es vista con ojos pecaminosos, y si no hagan la prueba de mostrarle a un pudoroso empedernido el fresco de Masaccio La expulsión de Adán y Eva del Paraíso terrenal. Buscaría con urgencia una hoja de higuera para tapar el cuadro o sus ojos. El hecho es que el animal humano, a diferencia de los demás, se acostumbró a cubrirse desde antiguo y hoy ha dado pie a una industria que genera centenares de miles de puestos de trabajo y una extensa iconografía textil. ¿Qué sería de la moda si cundiese el ejemplo de Adán y Eva? Pues que Amancio Ortega sería un ser anodino soñando con figurar en la lista Forbes. Solo el arte, la cultura y los parajes nudistas quedan como únicos feudos adánicos. Y el arte, depende de donde se cobije. Si es callejero o, peor aún, si se arrima a los pétreos muros de Santo Agostiño le caerán chuzos bien afilados a sus intérpretes. Sí, sí, claro, hay ojos muy distintos y sensibilidades muy diferentes. ¡Pero si todo el mundo anda desnudo debajo de la ropa!

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