El tándem de cabo Prior y Os Cabalos

CRISTÓBAL RAMÍREZ

SANTIAGO

Ese saliente que desafía al Atlántico reúne todos los ingredientes para el turismo, desde túneles de baterías hasta una panorámica infinita

02 sep 2011 . Actualizado a las 06:00 h.

Ignoraba José Cornide, cuando describió toda la costa gallega, que en cabo Prior, en tierras ferrolanas, hubiera habido una granja que dependía de la familia de los Andrade allá por los tiempos medievales. Tampoco le llamaron la atención Os Cabalos, esos peñascos de mar siempre batido que parecen estar unidos al cabo por una cierta complicidad granítica y eólica. Lo que sí sabemos con seguridad es que el ilustrado coruñés, cuyos pasos siguen ahora fotógrafo y redactor de este periódico, tenía un extraño concepto de lo que es una ría.

De esto no hay discusión: tras catalogar el arenal de Valdoviño y las aguas que en él se estrellan como tal, asegura que desde ahí «vuelve a seguir la costa igualmente brava y pedregosa en medio de la que está el cabo de Montefaro y después de pasado el monte de Santa Columba, que avanza un poco sobre la mar, se encuentra la ría del mismo nombre».

Y esto sí que empieza a sonar a incomprensible hoy en día, porque no se refería a la minúscula playa de Campelo (ojo: preciosa pero peligrosa para el baño), que de ría no tiene nada. Desde luego, minúscula sí debía de ser, sí, puesto que él mismo dice que «es poco profunda y de casi ninguna intensión, su fondo es un arenal donde puede hacerse desembarco, y para precaverlo es necesaria tropa que puede ponerse en los lugares de Cobas y Esmelle».

Lo anterior ya da una idea algo más concreta. Casi seguro que describía la playa de San Xurxo, que, en efecto, describe un arco amplio, pero calificarla de ría continúa siendo una exageración según los criterios de hoy en día.

Claro que si ya llegó a Esmelle se ha dejado atrás otro faro, el de cabo Prior, en una zona con baterías de costa de las que quedan los siempre misteriosos y cortos túneles esperando a que alguien tenga una idea para aprovechar todo ese espacio para el turismo, agotado el modelo de sol y playa, aunque algunos sigan sin querer darse por enterados. Para atisbar la importancia turística del enclave solo hay que hacer un recorrido desde el anterior faro de esta serie, A Frouxeira, por una costa que, como bien decía Cornide, es pedregosa y brava. Ponen una nota suave la playa de Meirás al principio y las de Ponzos y Santa Comba (con su ermita y sus excavaciones arqueológicas que descubrieron sus orígenes) al final. El resto es pura naturaleza que el hombre no pudo asaltar (al menos todavía), no cómoda de visitar, pero maravillosa para una excursión que implique poner un pie delante del otro durante unas cuantas horas. Hay pistas anchas que por lo general hacen zigzag y que van por la parte superior de esas montañas que abruptamente caen al mar. Y que no se atrevió a recorrer Cornide, por cierto.