Los cacos van a los vestuarios

M.G. Reigosa SANTIAGO / LA VOZ

SANTIAGO

Negreira, Santa Comba, Bertamiráns y Xallas sufren desvalijamientos

06 abr 2011 . Actualizado a las 06:00 h.

Los equipos de la zona de A Mahía y Barcala están sobre aviso. Y ni así, porque los tiempos en que los vestuarios podían quedar abiertos sin mayor riesgo pertenecen al pasado. Ahora, en lo que un jugador se ducha un caco desvalija todo lo que se le pone por delante. Y, si no, que se lo pregunten a los integrantes del Xallas, de Primera Regional, los últimos en recibir la visita de los amigos de lo ajeno.

Lo peor es que estaban advertidos por sus vecinos del Santa Comba, que ya habían pasado por el trance unos días antes, con ocasión de la visita del Estradense. Los jugadores sumaron tres puntos muy importantes de cara a la permanencia, pero se fueron con los bolsillos vacíos. En total, el botín ascendió a poco más de doscientos euros.

Aparte de que ahora el vestuario está cerrado con llave, el colectivo ha tomado nota y no se lleva a los partidos nada más que lo imprescindible.

El Xallas acusó recibo del aviso, pero no se aplicó bien en la estrategia. Este fin de semana, en el partido frente al Dumbría, tomó precauciones en el intermedio, pero descuidó las sustituciones. Y, quienquiera que estuviese al acecho, tuvo la paciencia de esperar y aprovechar el tiempo de la ducha para hacerse con una recaudación que probablemente no esperaba: algo más de ochocientos euros contantes y sonantes.

El Bertamiráns es otro de los clubes que ha sufrido en vestuario propio el desvalijamiento. Además, por partida triple. No obstante, a la tercera fue la vencida y el caco acabó en el calabozo. Eso sí, por poco tiempo, puesto que fue juzgado por hurto y ya está de nuevo en la rúe, aunque no ha vuelto a acercarse al lugar del delito. Sabe que le tienen cogida la matrícula.

Lo pillaron con las manos en la masa en el partido frente al Xove. Se había hecho pasar por periodista y pidió si le dejaban usar el vestuario para cargar el ordenador. Como quiera que ya se habían producido pillajes con anterioridad, en un entrenamiento y en un partido de los veteranos, alguien sospechó. Y acertó. Retuvieron al delincuente, llegaron las fuerzas del orden público y allí paz y después gloria.

García Calvo

Fue el Negreira uno de los que abrió la temporada de sustracciones. En su caso, por un exceso de confianza en el partido frente al Bergantiños, a finales de enero. Los visitantes y los árbitros cerraron con llave sus dependencias en el Municipal Jesús García Calvo. Los locales no tenían esa costumbre, aunque ya la han corregido.

Sea como fuere, a la conclusión del encuentro diez jugadores comprobaron que tendrían que volver a casa sin dinero, alguno incluso sin reloj. Quienquiera que desvalijase el vestuario quería «cash» y, a saber si por delicadeza o por prisa, respetó el derecho a la propiedad con las tarjetas de crédito, los teléfonos móviles y las llaves de los coches. El estropicio pudo ser bastante peor. Ese fue un consuelo menor.