La primera jornada de saldos en Compostela estuvo marcada por la intensa lluvia y por los cambios y devoluciones de los regalos que los Reyes Magos dejaron el día 6
08 ene 2011 . Actualizado a las 02:00 h.El día seis es el de la ilusión para miles de personas que se encuentran al lado de su zapato aquello que tanto ansiaron durante el año. Pero también es el del mal trago para otras muchas personas cuando tienen que decir que el regalo no les gusta o no les vale. Buena parte de ellas se pasearon ayer por la primera jornada de rebajas para hacer los cambios y devoluciones pertinentes.
Lo afirmaban en Mogambo, una boutique de la calle Alfredo Brañas, que pasó buena parte de la mañana gestionando esos cambios y devoluciones. También estaban contentas por el hecho de que el mal tiempo que azotó a la capital de Galicia durante la mañana no hiciese apenas mella en la clientela. De la misma opinión es Cyra Calvo, que tiene una boutique en Santo Domingo de la Calzada. Esperaba una mañana más bien pobre en cuanto a visitas, pero los compostelanos, armados con sus paraguas y chubasqueros, no perdieron la oportunidad de beneficiarse de los descuentos.
Las rebajas, de todos modos, han comenzado tímidas. Menos algunas excepciones, el mayor porcentaje de descuento que podía observarse en las tiendas era el del 50%. De todos modos, la mayoría no llegaban a esa cifra y se quedaban en unos escuetos 20, 30 o 40% de rebaja en sus artículos. Tres meses de rebajas dan para mucho -terminan el próximo 7 de abril-, y a medida que vaya reduciéndose el stock, llegarán las segundas y hasta las terceras rebajas, con verdaderas gangas los últimos días.
Grandes colas
Las que se llevaron la palma en este primer día de rebajas, de todos modos, fueron las grandes cadenas de moda. Paradójicamente, aunque sus descuentos eran mucho menores que en otras muchas tiendas, la mayor parte de la clientela se concentró en las tiendas del grupo Inditex, que a primera hora de la tarde recordaban bastante a una batalla campal. La ropa comenzaba a amontonarse sin sentido y aparecían prendas por el suelo. Las colas, además, eran de infarto en algunos de estos establecimientos, y pagar podía conllevar grandes esperas. Eso sí, la media de gasto era de unos 50 euros por persona.