A pesar de la normativa, la rehabilitación de muchas calles no cumple los requisitos obligatorios para permitir el tránsito con normalidad de personas con discapacidad
20 ago 2009 . Actualizado a las 02:00 h.¿Qué pasaría si de un día para otro y sin previo aviso se cortaran tres calles principales del centro de Santiago? Tres calles que más de un centenar de personas consideran vitales para el transcurso de su jornada diaria. Lógicamente el caos y las protestas en masa estarían aseguradas. ¿Por qué nadie se mueve entonces cuando se cortan las únicas vías posibles para un usuario en silla de ruedas?
Ana García Porto circula en silla por culpa de un virus en la columna vertebral. Desde que era pequeña, ha tenido que luchar por poder participar en la vida diaria como un viandante más. Consiguió que se adaptara su instituto en A Estrada, la facultad... Sin embargo, todavía hoy queda muchísimo trabajo por hacer.
Las obras que se realizan en Santiago son una clara muestra de ello. En opinión de Alejandro Coello, responsable del departamento de accesibilidad de Cogami, afirma que tal y como están las calles perpendiculares al Hórreo, «la autonomía es imposible». Con el paso del tiempo, una persona con discapacidad memoriza las calles que le son perfectamente accesibles y a través de las cuales comienza a trabajar diariamente su rutina. Si una de estas personas trabajase o viviese por ejemplo en Gómez Ulla, le sería completamente imposible entrar en su portal o subir a su oficina. Entrar en una de estas vías levantadas próximas a la calle del Hórreo es una clara muestra de la yincana que hay que atravesar para poder circular con normalidad.
Primero, unas tablas de madera apenas intentan tapar los socavones producidos. Debido a la imposibilidad de atravesarlas con silla de ruedas, ya que se levantan nada más pisarlas y podrían causar una caída. Ana García, llegado este punto, solo tiene dos opciones. Una, cruzar la carretera. Otra, dar la vuelta. Sin embargo, necesita bajar por esa calle. La carretera es imposible de cruzar. Hay un bordillo y ningún lugar adaptado para una silla. Lo ha levantado una excavadora. La alternativa escogida por Ana es pedirle a su madre que la lleve y la ayude a pasar por esa pequeña tabla de madera que sirve como pasarela.
La conclusión es bien sencilla. Ana no puede moverse con autonomía por una zona en obras que no se encuentra accesible a personas con discapacidad. Cualquiera pondría el grito en el cielo si le impidieran caminar o moverse por su propio pie.
¿A quién le toca mover ficha?