Compartir no tiene fronteras

Tamara Montero redac.santiago@lavoz.es

SANTIAGO

12 oct 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

Cuando alguien piensa en Estados Unidos, se le vienen a la cabeza tres cosas: Comida basura, el baile de graduación y animadoras adolescentes. Sin embargo, el conocidísimo american way of life es mucho más que eso. Un total de 18 alumnos de bachillerato del colegio La Salle están ya aprendiéndolo en la mismísima capital del país más rico del mundo: Washington DC. El viaje forma parte de un programa de intercambios que el centro compostelano lleva organizando varios años. Durante dos semanas, estos preuniversitarios se empaparán de la cultura americana y sobre todo de su idioma, mientras comparten su vida con los alumnos de la Edmund Burke School. El Lincoln Memorial fue testigo de la llegada de los gallegos a América. Sin embargo, la pugna de La Salle para que sus alumnos dominen más idiomas no se queda ahí. Hay también programas de intercambio a Inglaterra o Francia.

Y mientras unos abandonan Compostela, otros la descubren. Alrededor de 3.000 cursillistas de cristiandad se dan cita este fin de semana en la capital de Galicia para celebrar el 60 aniversario de su creación. Y es que allá por el 1948, los fundadores de dicho grupo decidieron sacar adelante este proyecto en una peregrinación a la tumba del Apóstol. Aunque la concentración fue en el multiusos Fontes do Sar, los participantes, llegados de todas las diócesis españolas, se dieron cita en la catedral para asistir a la misa del peregrino. Allí acudieron también un nutrido grupo de obispos, entre ellos el consiliario nacional del movimiento de cursillos de cristiandad, Ángel Rubio, obispo de Segovia. El encuentro termina esta tarde con una eucaristía en el multiusos presidida por el nuncio monseñor Manuel Monteiro. Vanguardia veterinaria. El Pazo do Hórreo volvió a llenarse por unas horas de veterinarios, al igual que ocurría a principios de siglo, cuando la actual sede del Parlamento de Galicia aún era la Escola de Veterinaria de Santiago. Esta vez, se trataba de una ocasión especial. Los profesionales rindieron un sentido homenaje a Juan Rof Codina y Cruz Gallastegui, por su incontestable contribución a la mejora de la rubia galega y de las condiciones sanitarias del ganado. Una labor que se desarrolló entre 1921 y 1926, cuando llegaron a Galicia para trabajar en la denominada Misión Biológica de Galicia. El nieto de Rof y la hija de Gallastegui presidieron un acto en el que la vicepresidenta primera del Parlamento, Tareixa Paz, quiso recordar que el trabajo pionero de ambos veterinarios «foi fundamental para unha especialidade que hoxe conta con 3.400 veterinarios colexiados en toda Galicia».