Hay un par de comisiones que se supone están trabajando en el evento xacobeo, pero lleva una trayectoria sigilosa que no se ha dado en ediciones anteriores
12 oct 2008 . Actualizado a las 02:00 h.Es de suponer que habrá ya una circulación frenética de carpetas con el epígrafe de «Xacobeo 2010». Si está de más lo de frenético, habrá circulación de carpetas. Por si muchos no se han apercibido, solo un año se interpone entre el 2008 y el 2010. A estas alturas, el margen de maniobrabilidad es bastante reducido para el caso de que el ritmo programador no haya sido el adecuado.
Porque lo cierto es que apenas han trascendido datos o líneas maestras de lo que se está cociendo para la gran celebración. En otros años páginas enteras dejaban traslucir contenidos con el sello jubilar, y los Reyes acudían a bendecir la programación consorciada. El sigiloso recorrido que está realizando el Xacobeo 2010 tiene delante una mampara interadministrativa que uno aguarda ver descorrer para ojear las maravillas ocultas que se desparramarán a lo largo del año festivo.
Eso sí, en las cumbres apacibles de Bugallo y Touriño siempre se reflejaba una agenda predispuesta de Capitalidade, Consorcio, año santo e infraestructuras que uno ya tenía preescrita como contenido aun no especificado de la inmediata reunión. En el último encuentro formal nació el acuerdo de sumar a la comisión de programación otra de operatividad. Y es que la visión avanzada de millones de personas sobre el empedrado activa la escala Ritcher, pese a que en las ediciones jacobeas más masivas la ciudad y Raxoi siempre han salido bien parados. Ahí es donde se puede confirmar o desmentir la «tacañería» del conselleiro de Economía, de quien dicen que quedará magníficamente bien si en el Estatuto da Capitalidade iguala la cuantía de fondos y visitantes previstos. Rubén Lois prevé que viajen 9 millones de turistas a Galicia y que 7,6 millones pisen el Obradoiro.
Con los movimientos de aquende casi de olvida el personal de que en Madrid también se cuecen habas xacobeas, y de la olla se ha aprestado a sacarlas María Jesús Sainz. Curiosamente, ya lo había hecho en algún año santo anterior, y el efecto fue que los incentivos fiscales viajaron a Compostela. Ahora el Senado le ha dicho sí, y uno entiende en consecuencia que también el Gobierno. ¿Será realmente así? «Observé reticencias en las filas socialistas», dice la senadora. Seguramente será una forma de dislexia corregible en los presupuestos.
Lo cierto es que las deducciones y beneficios de la fiscalidad empujaron en España expos, olimpiadas y xacobeos y no pueden faltar a la inminente cita de Santiago, ni hacerlo con carácter simbólico, si se quiere que sea realmente jubilar. Y de altura, aunque sin teleférico.
En el Xacobeo no discurrirá por encima de Compostela, obviamente, este transporte aunque el Gaiás se inaugure parcialmente el próximo año. En el aire no está el teleférico, pero sí la decisión de la Unesco de amparar o no su uso. El taxativo avance del Icomos ha tenido la virtud de suscitar uno de los debates más apasionados de la ciudad en los últimos años, y ese es precisamente el objetivo cuando asoma una iniciativa del calibre de la proyectada sobre al piel de la ciudad. Un amplio espectro de reflexiones y razonamientos precederá a la solución definitiva, en manos del Centro del Patrimonio Mundial.
El Icomos dio pie también a juzgar las cualidades del panorama urbano más alejado del epicentro argumental, incluida la rehabilitación de la ciudad vieja y las torres que recortan el cielo norteño. Como las de Santiago Calatrava, en Oviedo, que recibieron un solemne repaso por parte de Víctor Fernández Salinas y atrajeron otro surtido de opiniones. Una interrogante: ¿Dónde está el techo de Compostela? Uno de los que lo marcan es la Unesco.
El techo del Xacobeo lo marcan las administraciones local, autonómica y central.