El jardín encantado de Raúl

Emma Araújo SANTIAGO

SANTIAGO

SANDRA ALONSO

En directo | Un vecino de Larañiño crea un Santiago a su medida El castillo de Blanca Nieves y los siete enanitos, una capilla al Apóstol y una réplica de la pajarera de la Alameda pueden visitarse en la casa de los Viqueira

21 ene 2006 . Actualizado a las 06:00 h.

Raúl Viqueira es el abuelo ideal por el que suspiraría cualquier niña soñadora, ya que eso de tener el jardín de Blancanieves a la puerta de casa es un sueño que ni siquiera la saga de los Disney tiene a su disposición. En Larañiño número 27, a escasos metros del futuro acceso a la autovía Santiago-Brión, vive Raúl con su mujer, acompañados ambos por su pasión por el complejo mundo del canto rodado. Su casa, una vivienda unifamiliar rodeada de un amplio jardín, se diluye entre un entramado de construcciones que este hombre, que trabaja desde hace años en el psiquiátrico de Conxo, ha diseñado en sus ratos de ocio. Lo que comenzó como una afición para relajarse se ha ido convirtiendo con el paso de los años casi en una forma de vida porque Raúl y su mujer dedican gran parte del año a buscar piedras de todos los tamaños y formas en la playas más cercanas a Compostela. En esta tarea ocupan parte de los inviernos y la primavera, ya que para remover la tierra y buscar piedras necesitan la soledad de las playas para no incomodar a los bañistas que las inundan en verano. Rianxo y Arousa son los lugares de los que proceden la mayor parte de cantos rodados que emplea Raúl para construir su particular forma de ver el mundo. Tras la catástrofe del Prestige, este artesano tiene enormes dificultades para encontrar piedras, ya que la limpieza de las playas «levou moito e enterrou outro tanto». Pero no se desanima, sobre todo viendo el interés que sus obras despiertan por vecinos y conductores. Echando un vistazo a los dominios de la familia Viqueira destaca el castillo de Blanca Nieves, que recibe a la puerta a los siete enanitos. Por aquello de ser un caballero, Raúl ha construido en primer lugar la casa de la chica, dejando la morada de los siete enanos para la segunda fase del proyecto, en la que está inmerso. De momento no tiene nietos, pero confía en que cuando lleguen llenen de risas y juegos su jardín, que parece encantado. Junto al castillo, con dos vistosas torres, se ubica una capilla de peregrinos, con talla en piedra del Apóstol, una imagen de San Roque y otra de la Virgen de los Milagros, que le echa una mano de vez en cuando. Un atril de hierro forjado sobre el que tiene colocada una Biblia evidencia que esta obra tiene una razón de ser: rezar. En un futuro, Raúl Viqueira tiene pensado invitar a un familiar cercano sacerdote para que bendiga el recinto y así poder oficiar una misa con toda su familia. En su afán de crear un mundo a su medida Santiago ocupa un lugar muy especial. Mientras explica el porqué de cada pieza que adorna su jardín surge su amor por la ciudad del Apóstol. El recinto, que en su día tuvo faisanes y que pronto ocupará con otras aves, se asemeja a una antigua pajarera que, según recuerda, formaba parte de los atractivos de la Alameda. Una copia diminuta de una de las fuentes del principal jardín de Compostela convive con la mesa de trabajo de este hombre, que reconoce que su afición por construir réplicas con piedras le llegó hará unos tres años, aunque desde entonces no ha parado. Parte de la culpa, dice, la tiene su mujer, que le sugiere ideas a las que él da forma. El hecho de que la barbacoa de su jardín esté a medio construir evidencia cuáles son las prioridades de Raúl Viqueira.