Reportaje | Los habitantes de la zona no ganan para sustos En cada una de las glorietas existentes entre Santiago y Padrón abundan las historias de vehículos empotrados en las casas y de gente que no sabe lo que es la tranquilidad
20 ago 2005 . Actualizado a las 07:00 h.?l código de la circulación recuerda que hay que conducir siempre mirando hacia la carretera y atento al velocímetro. Quizá por ello los miles de conductores que atraviesan la N-550 no son conscientes del riesgo que entraña vivir al pie de este asfalto. Para todos aquellos que creen que las casas son un gran estorbo ahí va la historia de Ramón Carou, vecino de Pazos. Ayer al mediodía se entretenía con una paleta y un caldero de cemento fresco dando unos llanos a una pared, pero no a una pared cualquiera. Lo que se ve en la imagen es una mezcla de ladrillos, hierro y hormigón. Toda precaución es poca si de lo que se trata es que ningún coche más le dé otro susto de muerte. El señor Carou vive a escasos metros de una rotonda construida hace menos de un año. Para hacerla le expropiaron terrenos y su casa quedó a un nivel inferior de la carretera. No tiene garaje, pero, paradojas del destino, sí posee un acceso directo hasta su casa para todo aquel que se coma la rotonda de Pazos. No es el único que se queja. Con nombre o bajo el paraguas del anonimato, numerosos vecinos protestan por las redondas , esas glorietas que «non deixan nin vivir nin durmir», resume una afectada, entre tantas, de la N-550.