Reportaje | Los problemas de la luz eléctrica en el rural compostelano La pésima calidad del suministro condiciona el día a día de los vecinos de Marrozos y de otros núcleos de Santiago
30 abr 2005 . Actualizado a las 07:00 h.En algunas zonas del rural santiagués la corriente es tan escasa que sólo hay una manera posible de electrocutarse: esperar a que te parta un rayo. El enunciado exagerado igual no lo es tanto si uno pone los pies en Marrozos, concretamente en una aldea que, irónicamente, se pronuncia «Jamás» para sus habitantes aunque en los carteles se escriba con G. Pero nadie dice Gamás en Jamás. En Jamás, impresiona más el tractor de Antonio Mejuto que la velocidad de la luz. Una veintena de casas -«ou vinteunha, contabiliza una vecina»- reciben un servicio tan lamentable que los abonados están muy cerca de inventar la televisión de leña. «Voulle dicir unha cousa -explica Elisa Illobre Midón, afectada de toda la vida- o problema é que hai moi pouquiña. Moitas veces, nas bombillas queda como un vermiño, un fío pequeno que non alumea; tanto é así que, se poño o muíño, non podo poñer a lavadora; se poño a lavadora non vai a televisión». Los Serrano y la ganadería son incompatibles. La pelea del país de nunca Jamás contra el Concello y contra Fenosa viene de muy atrás; están cansados de escuchar que esta vez sí, que es de verdad. Elisa lo resume gráficamente señalando con su vara a los postes de racionamiento que reparten los voltios entre la aldea como una pedrea miserable: «Mire, unha vez veu aquí un señor moi apurado dicindo que ía vir, que ía vir, e nada; teñen o mesmo problema aí na parte da Cañoteira, ao lado de Ardaján». La televisión en Jamás es como los pimientos de Padrón: «Ás veces vémola, ás veces non», explica Elisa, tan resignada a la marginación eléctrica que prefiere reírse por no llorar. A un par de leiras de Elisa, Antonio Mejuto, el del tractor, corta hierba y se lamenta. También habla del «vermiño» que se ve en las bombillas y uno casi se imagina a una luciérnaga esclavizada dentro de un quinqué. «Dis que aprobaron o reforzo, pero non se ven trazas -señala desconfiado- vivimos con esa ansia; polo día, cando se moe nos muíños para as bestas, a tensión cae algo máis, logo arreglámonos, malamente claro». Además de la penumbra eléctrica, la falta de potencia hace que se estropeen frecuentemente los aparatos de las casas. Mejuto explica que «cando o conxelador empeza a facer taca-taca-taca-taca, como se estiveran petando nel, ¡adiós!, alá vai». Lo que no se explican en Jamás es que algunos vecinos ya hayan cobrado las expropiaciones de fincas para que pase por ellas la «alta», que es como llaman familiarmente a la alta tensión. El hijo de Elisa Illobre, sin ir más lejos. En la aldea, todos acaban echándole parte de la culpa al propietario de una leira de monte que, al parecer, recurrió para que el tendido no cruce sobre sus tierras. Entienden que nadie quiera una línea de «alta» sobre sus repollos, pero ven cómo se construyen más casas con la misma luz y cómo va tocando cada vez menos en el reparto; a este paso, los cables servirán sólo para tender la ropa. Los camiones circulaban estos días por el núcleo principal de Marrozos llevando y trayendo postes de hormigón, porque tampoco allí andan sobrados de voltios, vatios y chispas en general. La instalación de unos enormes focos en el campo de fútbol no hizo más que empeorar las cosas. Elías Liñares, que se está construyendo una vivienda cerca del campo sintetiza: «É unha pasada, o do campo nótase moito nas casa porque estes focos deben de ter un gran consumo». Así que, cada vez que hay fútbol al atardecer, hay lavadoras que no lavan y molinos que no muelen. En esta parte, al menos, tienen más fe en la promesa del refuerzo que un par de kilómetros más arriba, en Jamás. Pagar 220, recibir 115 Valentín Illobre, que vive mismo donde un cartel con verdillo anuncia el comienzo de Jamás, reflexiona sobre el hecho de que los avances de la sociedad hayan ido más rápido en su aldea que las infraestructuras: «Antes non había unha ordeñadora, una nevera, non había nada; agora, o que non ten un conxelador, ten dous». Y aporta datos que deberían poner colorado al responsable del abandono, sea quien sea: «O mozo que anda coa filla é electricista e mediu a luz con ese choio que teñen para marcar. ¿E sabe canto daba? Daba 115 voltios ¡Cento quince!». -Pero cobrar, cobran como se tiveran 220 as vintecatro horas do día. -¡Carallo se cobran, a máis ben cobrado! Dentro de lo malo, lo único que les consuela es que, últimamente, hay menos apagones, desde que «tensaron» algunos cables para dar servicio a un par de viviendas nuevas. Creen que será eso, aunque nadie ha venido a contárselo. Pero lo de la potencia para todos, el Viagra eléctrico, les parece una cosa de nunca, de nunca Jamás. Entre los utensilios de los vecinos no faltan linternas y velas. En casa de Valentín muestran dos enormes cirios reciclados de alguna comunión, de los que echan mano a menudo para alumbrarse, sobre todo en el invierno; es una pena que la nevera no funcione también a velas. Mal de muchos Los problemas de Marrozos no son exclusivos; hay mucha más gente corriente que tiene problemas con la corriente. Desde la Federación de Veciños do Rural, José María Juncal señala otras zonas con problemas de luz. Es el caso de núcleos y viviendas de Figueiras, Vidán o Laraño; también de A Peregrina o San Xoán de Fecha. Y tampoco se libran áreas de Cesar, Busto y Marantes. «Son, sobre todo, problemas de pouca potencia; os cortes de luz danse máis no inverno, cos temporais», explica Juncal. El directivo vecinal está convencido de que las instalaciones que llevan la corriente a algunas aldeas «xa non son as dos tempos que corren». Pero hace otra reflexión que no carece de interés: la posibilidad de que algunos usuarios, a la hora de contratar, oculten información a Fenosa, de modo que firman por un servicio doméstico cuando, en realidad, utilizan aparatos de alto consumo, relacionados sobre todo con la agricultura y la ganadería como tanques de frío o incluso equipos de soldadura. No parece que éste sea el caso de Marrozos. Postes de madera Los postes de madera que cruzan los montes son otro problema añadido. Aunque muchos están siendo sustituidos por enormes columnas de hormigón, los incendios causan estragos en esos otros árboles señoritos que tan bien retratara Fernández Flórez. Sobre el Plan Mega de electrificación rural, Juncal señala que «aínda así, segue a haber carencias». El Instituto Enerxético de Galicia realizó en octubre del año pasado un estudio sobre las necesidades de los núcleos más perjudicados por los apagones y las caídas de tensión. Pero los usuarios insisten en que los problemas son sobradamente conocidos; y mientras esperan a que alquien les tome en serio, ahí siguen, a dos velas.