Los hijos verdes de Leboráns

Nacho Mirás Fole SANTIAGO

SANTIAGO

XOÁN A. SOLER

En directo | Un pequeño edén en Porta do Camiño Un hombre de 95 años cuida un jardín que plantó en una acera de Bonaval

11 dic 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

?Nacín no ano 1910 baixo o son das campanas de Bastavales». Así se presenta Ramón Leboráns Núñez, residente en el centro de mayores de Porta do Camiño, que cumplirá 95 años en marzo. -Don Ramón, ¿onde firmo para chegar ós seus anos coa súa saúde? -Bueno, home, bueno. ¡Mire que ben escribe vostede coa esquerda!, o meu sobriño tamén facía os mapas da concentración parcelaria coa esquerda. Ramón es alguien especial. La peripecia posterior al desahucio del que fueron víctimas él y su mujer, Generosa, en 1991, fue la primera historia que le encargaron contar en este mismo periódico al que escribe con la izquierda. La casualidad y el espíritu inquieto de Ramón hace que nos volvamos a encontrar catorce años después. Y es que la historia triste y pasada de Leboráns está en la savia misma de los árboles que ha ido plantando y cuidando, como a los hijos que no tuvo, en una acera que hace esquina entre la rúa da Caramoniña y la Costa de Santo Domingo. Toda esa vegetación no la colocó el Ayuntamiento, no. Fue Ramón el que, con las mismas manos con las que crea miniaturas preciosas y afila serrones, plantó cada árbol y cada arbusto. -Eu dedícolles tempo como se foran os meus fillos. Eso que ten aí son uns pinos que non medran máis e esoutro é un pendiente la reina, que ten frores todo o ano, con un loureiro no medio. Vounos prantando de poliñas e prenden. Mientras habla, Ramón levanta con la ayuda de un hierro y de unas cuñas de madera una de las enormes losas de granito del suelo, «co permiso do director, por suposto», aclara. Y es que bajo las aceras hay todo un mundo por descubrir. Tanto quiere a sus árboles que la empresa que ha comenzado a llevar a cabo las obras para eliminar la pendiente de As Rodas ha tenido muchísimo cuidado de que al bosque de Leboráns no le toquen ni una hoja. Los obreros han instalado un cierre de madera e incluso una rampa con firme antideslizante para facilitar los desplazamientos del veterano jardinero. «Comecei a facer esto hai catorce anos -cuenta-, cando morreu Generosa e vin para aquí. Quedaran de traer para este rinconciño unhas macetas decorativas pero, como aínda non viñeron hoxe, foi o motivo de eu plantar». -¿E non é moito esforzo? -¡Non hó! Eu fixen carros de labranza, traballei forte nas minas de Santa Comba, durmindo no monte. Por certo, teño unha pedra de wolframio que me mandaron da aldea dos Picotos. E teño bailado moito a muiñeira. Que las obras hayan respetado el pequeño paraíso verde de Leboráns hace que uno vuelva a creer en el género humano. Ramón es feliz cuidando de algo que, para muchos, son sólo vegetales; pero para el viejo carpintero de Brión son cosas que hacen que la vida valga la pena, como recibir las visitas de sus sobrinos o coger el autobús los domingos para ir a comer a O Tangueiro. «Son unha xente que non usa corbata», explica sonriente. Antes de volver a sus árboles, dice:-¿Sabe que aquelo que escribiu vostede hai catorce anos chegou a Buenos Aires?