Los Príncipes se coronan en Santiago

Juan María Capeáns Garrido
Juan Capeáns SANTIAGO

SANTIAGO

XOÁN A. SOLER | ÁLVARO BALLESTEROS

Crónica | La visita de don Felipe y doña Letizia Turistas y compostelanos se rindieron ante la pareja con más o menos pasión, pero con muchísima curiosidad

21 sep 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

Los comercios de la rúa do Vilar hicieron ayer un breve recreo para ver en directo una historia de príncipes enamorados. Casi nadie se resistió a salir a la puerta de sus negocios y sus casas, aunque sólo fuera para tener una opinión autorizada en la peluquería y no dejar que te cuenten cómo iba vestida doña Letizia, si está tan delgada como dicen las malas lenguas o si se le nota ya una maternal tripita. Ayer, la altura de don Felipe servía para localizar entre la marabunta a la auténtica estrella de la matinee compostelana. Digno de estudio sociológico es la cantidad de cámaras fotográficas digitales que salieron a relucir en el paseo real. El trayecto de sus altezas por la nave central de la catedral fue simplemente espectacular. Los flashes se disparaban de un lado al otro, incluso desde teléfonos móviles de última generación, aunque la proliferación de tecnología en las manos de la gente también impedía los aplausos para felicidad de los canónigos de la catedral, que tanto luchan contra el efecto espectáculo dentro del templo. El paseo por la rúa do Vilar estaba más que preparado. Los responsables de la Casa Real manejaron con habilidad a los reporteros gráficos para que todos se dispusieran al final de la calle con sus teleobjetivos. La distancia de los periodistas y la muchedumbre, separada por los guardias hacia los soportales, le dio un respiro a los Príncipes, que intentaron pasear con una naturalidad que no termina de salirles del alma ni a uno ni al otro. Sí demostró tener una buena memoria don Felipe al recordar el compromiso adquirido en Guatemala con la directora de la Fundación Granell, Natalia Fernández Segarra, de visitar el museo compostelano en cuanto tuviera oportunidad. Con tanto sigilo preparó su viaje que no le dio tiempo a la hija de Granell a volver desde Estados Unidos, donde pasa unos días. A pesar de todo, Natalia llamó a la sede de O Toural desde el otro lado del charco y pudo hablar con don Felipe y doña Letizia, quien a pesar de no conocer personalmente a la interlocutora se mostró muy afable y emplazó a la directora a un próximo encuentro. Ambos atendieron con humildad y curiosidad las explicaciones de Nuria Martínez, de la Fundación, hasta que se enfrentaron de nuevo a las masas enfervorecidas de O Toural. Superado el trago, era la hora de probar los vinos del país, el bogavante y los camarones que ya se empezaban a cocer en el restaurante Toñi Vicente.