El mirador | Un verano en Santiago La abundancia de oferta y el descenso del número de universitarios contiene el aumento de precio de los alquileres, pero todavía son caros
17 ago 2004 . Actualizado a las 07:00 h.?ván, Ana y Laura llegan desde Lugo para buscar un piso en el que vivir el curso que viene. A las 9 de la mañana están en Santiago dispuestos a mirar todos los pisos posibles y encontrar el más adecuado a sus necesidades. Como ellos, miles de estudiantes buscan cada verano el que será su hogar en los próximos nueve meses. Lo primero es mirar en las farolas, señales y tuberías de todas las calles del Ensanche. Piso céntrico, 3 habitaciones, a todo confor. Llaman. Quedan con el dueño en quince minutos para visitarlo. Suben ilusionados y bajan desencantados. Así una y otra vez, uno y otro piso. «Eu tampouco pido tanto, pero polo menos as habitacións que teñan ventás», comenta resignado Iván. La mayoría de los pisos tienen las ventanas hacia patios interiores y alguna habitación incluso no tiene ventana. Vuelta a intentarlo y cambio de calle para mirar en otra farola. Están apuntando teléfonos y se acerca una señora. «Neniños, estades buscando piso, ¿non? ¿Cantos sodes? Eu teño un aquí que vos vai encantar, polo precio, pola calidade...» A estas alturas ya no se creen nada pero, como no tienen nada que perder, van a verlo. Desencanto de nuevo. Cocina vieja, lavadora llena de óxido, a pesar de que ella insistía en que «cambiamos tódolos electrodomésticos o ano pasado». Además, la mujer pretendía hacer pasar la despensa de la cocina por una habitación. «¿Canto costa?», pregunta Laura. «450 euros e a parte a comunidade que vos é moi baratiña». Se marchan diciendo que se lo pensarán y que ya llamarán, totalmente convencidos de que ese será el último lugar que elegirían para vivir. Del desencanto pasan a la preocupación, por lo que deciden ir a una agencia. Allí miran la lista de pisos, eligen los que les interesan, dejan el carné de identidad y se llevan las llaves. «Polo menos así non temos ao dono detrás todo o tempo decíndonos o marabilloso que é o piso», comenta Ana a sus compañeros. Éstos ya les convencen más y dudan entre uno en la calle de la Rosa y otro en la avenida de Lugo, 420 y 450 euros respectivamente. Deliberan en un portal cuando les llama una mujer desde una ventana. Quiere enseñarles un piso en Frei Rosendo Salvado. «Imos por non facerlle o feo á señora, pero total...». Casualidades de la vida. Después de buscar en farolas y agencias, su piso estaba «nunha muller berrándonos pola ventá», comentan entre risas. El año que viene, Iván, Ana y Laura vivirán en Frei Rosendo Salvado. Piso antiguo, tres habitaciones, 450 euros al mes.