«A veces echo la semana entera sin ver a mis hijas»

Manuel García Reigosa
M. G. Reigosa SANTIAGO

SANTIAGO

No acierta a explicar cómo se organiza para llevar todos los datos en la cabeza y exprimir las 24 horas del día. Sólo queda claro que no hay tregua. -¿Cómo es una jornada cualquiera de Juan Silva? -Hay poco tiempo para el descanso. Si el sacrificio al final tiene recompensa, por mi parte no hay problema. -¿A qué hora se pone en marcha? -Sobre las 8.30. Pero ese no es el problema. La clave está en la hora a la que uno acaba. Y, en hostelería, antes de las 2 es difícil. Normalmente, entre las 2 y las 4 de la madrugada. -¿Cómo se aguanta? -Intentando recuperar el descanso en los días en los que no hay tanta actividad, como pueden ser lo sábados. -¿Qué dice su familia? -A veces echo la semana entera sin ver a mis hijas. -¿Objetan algo? -Les gustaría aprovechar más la vida familiar. Pero tengo la suerte de que no ponen objeciones. -Lo he visto en el mesón, en San Lázaro, en el Lobelle, en el baloncesto... Me dicen que rara vez se salta los actos protocolarios y las citas sociales... Y no se le conoce el don de la ubicuidad. -Todo es cuestión de buscar y repartir las horas del día. Tratas de estar donde debes estar. -Caneda, Corzón y Silva fueron los tres mosqueteros de la época gloriosa del Compos. -No éramos tres mosqueteros. En aquel momento, Corzón y Silva pertenecían a un consejo de administración presidido por Caneda. Después, por distintas circunstancias, se fue Silva. Y luego Corzón. Y en este momento, Corzón y Silva están de vuelta por unas circunstancias distintas. Nada tiene que ver esto con aquello ni aquello con esto. Juan Silva (Mazaricos, 20-9-1950) lleva más de veinte años arraigado en Santiago, a los que se suman tres largos lustros de emigración en Argentina (su gallego con reminiscencias platenses es inequívoco). Siempre bregando en el sector hostelero. Desde hace poco más de seis años está al frente de la Asociación de Hostelería de Santiago, y desde el verano capitanea el proyecto de reflotamiento de la Sociedad Deportiva Compostela, en la que también vivió como dirigente la etapa gloriosa. -¿Me permite un ruego? -Adelante. -Tiene el peligro, para un entrevistador, de ser capaz de hablar largo y tendido sin decir apenas nada. ¿Hará un esfuerzo por evitarlo? -(Risa prolongada). Voy a decirle lo que siento y lo que hay, a hablar de lo que sé. -Usted se vio al frente de un colectivo hostelero con muchas cicatrices. ¿Cómo está hoy en día? -Es un momento difícil. Hay empresas que lo están pasando mal. Pero no hay grandes conflictos más allá de los normales en cualquier gremio, y más en uno como éste, con más de mil asociados. Hay cosas que se pueden solucionar y otras no. -¿Y en la SD Compostela? ¿Qué herencia recibió? -Una situación de todos conocida. Sabemos cuáles son las dificultades y que, a veces, hay que tomar medidas drásticas. -¿Se podría aplicar aquello de ir de derrota en derrota hasta la victoria final? -No conviene hablar ni de derrotas ni de victorias hasta que no llegan. Lo único que se puede pedir es todo el esfuerzo. Y siempre he dicho que esto no depende del esfuerzo de cinco ni de diez, sino de toda una ciudad. -Es momento para el paso corto en un camino largo o para aplicar aquello de «a grandes males grandes remedios». -Le respondo con otro refrán. Vísteme despacio que tengo prisa. Lo importante es ir dando pasos, involucrando a la gente y encontrando soluciones. -Aunque no por nacimiento, imagino que se siente compostelano. -Seguro. -¿Y siente que la ciudad está anestesiada? -Esa impresión sí me la da. No se trata de decir sí a todo. Pero sí de demostrar conformidad o desacuerdo con las cosas que van sucediendo. -Y... -Y uno tiene la sensación de que la mayor parte de la gente cree que la ciudad no va con ellos, le da igual lo que pase. Siempre digo que un día nos van a llevar la catedral y abriremos paso dirigiendo el tráfico para que no tengan problemas. Nos pasa con la Universidad, nos pasa con el deporte... Parece que nos da igual. Incluso creo que somos capital de Galicia más porque otros nos apoyaron que por la fuerza que se hizo aquí. -Pocas veces le he visto decir tanto en tan pocas palabras. -Ya le comenté que siempre digo lo que pienso. -Y piensa lo que dice. -También. -Y no siempre dice todo lo que piensa. -Porque a veces es más conveniente callarse. -¿Teme que el Compostela pueda desaparecer? -Ni lo temo ni lo aseguro. Este consejo lo único que pretende es salvar al Compos. A lo mejor los que nos equivocamos somos los que hacemos este esfuerzo. -También están los embargos. -La deuda pública está encauzada. Los embargos privados son los que lastran de verdad. Antes de fin de año debe haber una asamblea.