Amigos y vecinos de Manuel Vázquez destacan su amabilidad y su compromiso constante para lograr mejoras Manuel Vázquez era un paisano más de O Milladoiro hasta las seis y media de la tarde del jueves. Entonces, su nombre saltó a periódicos, radios y televisiones. De él se escucharon muchas cosas «pero pocos saben realmente cómo es», relatan sus amigos. Hay una coincidencia en todos ellos: su fanatismo por el fútbol, por «su» Real Madrid y su trabajo constante para mejorar la vida de sus vecinos. Manuel, de 40 años y con más de tres lustros de vida en la localidad, no tenía «ningún problema económico o laboral» y se hartaba de hablar de sus dos hijas, que estudian en Santiago y Lugo. «Es un hombro en el que apoyarte», comentan ellos.
08 feb 2002 . Actualizado a las 06:00 h.Manuel es natural de O Pino, donde participó en algunas manifestaciones en favor de un nuevo trazado de la vía. Parte de su familia tiene una vivienda junto al arcen del polémico trazado y logró que pusiera un muro ante aquella casa. No fue la única vez en la que se le ha visto reclamando mejoras. En O Milladoiro participó hace tiempo en concentraciones para que se construyera el polideportivo en la localidad. «No nos cabe en la cabeza que pensara en el suicidio», comentan todos sus vecinos. Repiten todos ellos dos palabras: amabilidad y compañerismo. «No tengo ninguna palabra en su contra, siempre se portó maravillosamente bien», relataba la vecina de un piso superior al siniestrado. Era habitual verlo con alguno de sus compañeros de portal cenando «y siempre se prestaba para colaborar con cualquier asunto», decía otro. Comercial de una conocida firma de productos farmacéuticos asturiana, Manuel y Rocío (enfermera) llevaban «una vida igual a la de cualquiera de nosotros», decían en el edifcio. No hubo en las horas anteriores a la detonación nada que les hiciera sospechar que el mismo vecino podía preparar algo. «Preguntó por todos sus vecinos cuando le traslaban en la ambulancia», relataba horas después de la detonación el alcalde de Ames, Xosé Astray. Manuel es un tipo «activo y nervioso, no paraba quieto» y un habitual de la cafetería 89, un local situado a escasos metros de su casa. Por allí paraba varias veces al día y era su particular templo para ver al Real Madrid y hablar de su familia. «O fútbol é a súa paixón, pero pouco a pouco decaera», afirmaban en el propio bar. Su dueño, Jesús Suárez, presume de conocer bien a Manuel. «Tiven que aguantalo moitas veces co fútbol porque a min non me gusta moito», relataba. Él fue uno de los que se acercó ayer al Hospital Juan Canalejo para conocer el estado de su amigo. Una relación trabajada tras más de quince años de amistad. «Ademais, Manuel é unha persoa que lle tiña moitísimo medo á dor e non quería nin encender unha foguete», recuerda. En ese tiempo, también hay quien recuerda que Manuel tuvo una tienda en la propia localidad. «Se lle pasase algo pola cabeza, seguro que o notaría», sentencia Suárez sentado en un taburete.