El santuario de Santa Comba quedó desbordado por personas atraídas por la tradición milagrera El santuario de Nosa Señora de Vilamaior, en Santa Comba, volvió a revivir ayer una de las fiestas marianas con más fervor popular de cuantas se celebran en la provincia. Más de treinta mil personas, llegadas principalmente de Costa da Morte, Soneira, Bergantiños, A Coruña y por supuesto de las comarcas de Xallas y Barcala, acudieron a la tradición milagrera que se le atribuye a la Virgen de Vilamaior, donde no faltaron las aglomeraciones y colas en la fuente, además de carteristas.
15 ago 2000 . Actualizado a las 07:00 h.Fue una de las ediciones más concurridas de los últimos años, y es que cada 15 de agosto el fervor y la devoción popular por la Virgen de Vilamaior movilizan a miles de personas incluso desde el día anterior para guardar sitio. Ayer, el párroco inició los oficios a las seis de la mañana, a cada hora. La trascendencia de la fiesta ha superado el ámbito comarcal para atraer a personas de toda la provincia. Ayer, el buen tiempo animó a que la afluencia de fieles fuera a más durante toda la mañana. La creencia milagrera motiva el aluvión de fieles y devotos hasta desbordar la capacidad de aparcamiento. Las promesas a la Virgen se duplican y los méritos curativos que se le atribuyen también. Según recuerda uno de sus organizadores, Jesús María Castro, «ó principio a xente viña ó para curar males da pel, pero pouco a pouco foiselle engadindo outros poderes curativos». Gratitud Un claro ejemplo de la devoción en la Virgen de Vilamaior es el comentario popular que en los días previos circulaba por la parroquia, según el cual «unha veciña pediulle á Virxe que intercedera por un tumor», del cual iba a ser operada el pasado día 4 de agosto, pero según relatan los vecinos «os médicos unha vez inspeccionada decidironlle da-la alta ó non atoparlle nada», puesto que la enfermedad había remitido «de forma milagreira polo que agora tivo que agradecer o favor á Virxe». Entre los gestos de gratitud a la Virgen por sus favores se encuentran costumbres como recorrer de rodillas los alrededores del santuario y oír misa y darle una buena propina a la santa. A la salida de las misas, los devotos aguardan cola en la fuente de agua milagreira situada unos metros antes que el santuario. Tras lavar sus manos, cara, brazos o pies cumplen con el ritual de secarse en un pañuelo o trapo que luego dejan colgados en una tela metálica próxima al manantial, que según los vecinos y devotos nace «xusto debaixo do altar do santuario».