La propia naturaleza de las empresas intranquilas -con modelos de negocio más arriesgados- implican una mayor recompensa potencial, por ejemplo, un sueldo más elevado
05 ago 2020 . Actualizado a las 10:21 h.Llevaba unos quince minutos hablando con el Director Técnico sobre las vacantes que tenían abiertas cuando llegó el momento clave para saber si tiene sentido iniciar el proceso de selección:
-¿Cuál es el rango salarial que tenéis en mente? -le pregunté.
-Bueno... buscamos gente que programe en XXX, que sabemos que no suelen cobrar los salarios más altos del sector, así que, pensamos ofrecer alrededor de YY.000 euros a los seniors -me contestó.
Era normal que nos encontráramos -para bien o para mal- con un montón de sesgos sobre la retribución media del mercado de talento técnico, pero nunca dejaba de sorprenderme cómo la opacidad del mismo conseguía que algunas empresas vivieran en una especie de realidad paralela.
- Mira, no sé de dónde habéis sacado que los desarrolladores con experiencia en XXX suelen cobrar menos, pero no es cierto. Ni es un lenguaje de entrada ni se estudia en la universidad ni suele estar incluido en los programas de FP o los distintos bootcamps y cursos ni, por supuesto, es la primera elección de la gente que aprende de forma autodidacta. Va a ser muy difícil encontrar gente en ZZZ con ese rango salarial -expuse, intentando hacerle ver que estaban tomando decisiones empresariales basándose en suposiciones, no en datos.
Se hizo el silencio durante algunos segundos, como si mi interlocutor estuviera tratando de asimilar la información antes de contestar. Cuando por fin lo hizo, escuché un argumento familiar.
-Bueno... puede que no paguemos los salarios más altos del mercado, pero ofrecemos otras cosas. No trabajamos por proyectos ni somos una startup. Somos «una empresa tranquila».
En los años que llevo en el mundo del recruiting técnico me he encontrado varias veces con el concepto de «empresa tranquila», compañías donde el día a día es menos trepidante para pasar a ser más predecible y, al menos aparentemente, más cómodo para los empleados, pero ¿qué define realmente a una empresa tranquila?
Podríamos suponer que el tamaño es un factor determinante, pero no es así. A nadie se le ocurriría describir a Netflix -que se cepilla cada año a un porcentaje de los desarrolladores con peor rendimiento, lo hagan bien o mal, para intentar alcanzar la excelencia técnica- como una empresa tranquila, a pesar de tener más de 8.600 empleados. Sin embargo, una pequeña gestoría con apenas tres trabajadores podría serlo.
También podríamos caer en el error de pensar que es algo vinculado al uso o no de las últimas tecnologías, pero tampoco se ajustaría a la realidad. Seguro que todo el mundo identifica a IBM con una de esas empresas tranquilas en las que poder disfrutar de un plan de salud dental y barbacoas corporativas, sin embargo, es una potencia en computación cuántica. Por otro lado, hay más de una startup con un crecimiento y un nivel de exigencia bastante altos vendiendo un producto o servicio basado en un Excel y cuatro formularios pegados.
Para tratar de encontrar el espíritu de la empresa tranquila deberíamos llegar hasta la esencia misma de la empresa y el empresario. Por ejemplo, esa definición que describe la actividad del último como la transformación de algo variable (ingresos y gastos) en algo constante (salarios) a cambio de un potencial beneficio que compense el riesgo asumido. Porque la única constante que he encontrado en las empresas tranquilas es que tanto los riesgos asumidos como los potenciales beneficios son más bajos que en las empresas que no lo son.
Eso suele suponer ingresos recurrentes y clientes a largo plazo, pero, sobre todo, un día a día mucho más predecible y monótono gestionado por estructuras más resistentes que flexibles, construidas para perdurar, no para adaptarse al cambio. Esto se hace más evidente en los departamentos de servicio, aquellos que no están relacionados directamente con la actividad principal de la empresa sino que dan servicio a otros -por ejemplo, el típico departamento de informática de una constructora- y constituyen verdaderas «empresas tranquilas» dentro de sus compañías, donde las compras de su único cliente -la propia organización- son tan previsibles como el beneficio esperado, en forma de salarios.
Pero, teniendo en cuenta esto, ¿por qué carallo alguien no querría trabajar en una empresa tranquila? Porque el hecho de que haya que definirlas implica también la existencia de otras que no lo son.
La propia naturaleza de las empresas intranquilas -con modelos de negocio más arriesgados o, directamente, aún no probados- implican también una mayor recompensa potencial. Por ejemplo, un sueldo más elevado, la participación de los empleados en los beneficios o la posibilidad de convertirse en dueños de una parte de la misma.
La incertidumbre también conlleva unas tareas menos continuistas y homogéneas, lo que puede ser un aliciente para aquellos a los que no les gusta la monotonía. Y esa misma incertidumbre suele generar estructuras más flexibles, donde un empleado puede desempeñar distintos roles con más facilidad y tiene muchas más probabilidades de afrontar nuevos retos que le permitan acumular experiencia de forma acelerada.
Dándole la vuelta a la anterior pregunta, entonces, ¿por qué querría alguien trabajar en una empresa tranquila? ¿Es el trabajo en las mismas solo para conformistas o poco ambiciosos? ¿Hay «trabajadores tranquilos» y «trabajadores intranquilos»
Es verdad que hay personas con mayor o menor aversión al riesgo o capacidad de adaptación al cambio, pero en general tanto las inquietudes como las circunstancias de cada uno van variando en el tiempo y, en un momento vital determinado, pueden adaptarse más a un tipo de empresa o a otro. Tras pasarte 5 años dejándote la piel en una startup, puedes buscar un trabajo más seguro y predecible -mientras te recuperas tanto económica como mentalmente-, de la misma manera que después de desarrollar una carrera en una multinacional puede apetecerte emprender o, simplemente, ir a un sitio donde esté todo por hacer.
Ninguna opción es mala porque lo que nos debería importar no es si nuestra empresa es tranquila o intranquila, sino unicamente si es un sitio donde nos guste estar. Somos los dueños -y, también, los únicos responsables- de nuestra felicidad.
Eso sí, los que además somos responsables de empresas tenemos la obligación de saber de qué tipo es la nuestra y ser consecuentes al respecto. Si gestionamos una empresa tranquila que no aporta ninguna red de seguridad al empleado; o una empresa intranquila que no proporciona oportunidades al mismo, tendremos que asumir que, probablemente, lo que en realidad tengamos sea un problema.
Bonilista publicada con el apoyo de Craft Code
Craft Code es una academia de buenas prácticas de programación. No enseñan a programar en un lenguaje en concreto sino cómo escribir código de forma limpia, estructurada y escalable, utilizar patrones de diseño, los diferentes tipos de testing, refactorización y, en general, todos los conocimientos que un desarrollador senior debería adquirir en el transcurso de su carrera.
El curso es online, dura cuatro meses y está diseñado para que juniors y mediors aceleren su aprendizaje: incluye muchas prácticas supervisadas, 1 a 1 en directo con los profesores, y el desarrollo de un proyecto final que cimente todos los conceptos aprendidos.
Si buscas un curso que te permita acelerar tu carrera Craft Code puede ser una excelente oportunidad. El próximo el 14 de septiembre arranca la próxima y, si te animas, con el código 'BONILISTA' obtendrás un descuentón de aviñón del 20 %.
Tienes toda la información en su página web.
Este texto se publicó originalmente en la Bonilista, la lista de correo de noticias tecnológicas relevantes para personas importantes. Si desea suscribirse y leerlo antes que nadie, puede hacerlo aquí ¡es bastante gratis!