Americanos, os recibimos con alegría. Amazon invertirá alrededor de 2.500 millones de euros en construir tres centros de datos en Villanueva de Gállego, El Burgo del Ebro y Huesca para crear en Aragón la séptima región de datos en Europa de Amazon Web Services -su plataforma de servicios en la nube- a finales de 2022 o principios de 2023.
La noticia parece haber sido recibida con entusiasmo, tanto por la Comunidad técnica como por los ejecutivos de la multinacional y los políticos de las diferentes Administraciones involucradas, que prometen que creará más empresas y puestos de empleo en el sector tecnológico e impulsará la economía local.
Javier Lambán, presidente de la Comunidad Autónoma, ha declarado que la operación «marca un antes y un después en la historia económica de la región porque nos mete de lleno en el siglo XXI y nos sitúa en posición de liderazgo en la economía digital en España». Cualquiera que lo oyera podría pensar que, hasta ayer, en Aragón se dedicaban solo a fabricar alpargatas y de repente se ha convertido en el faro tecnológico del país, haciendo palidecer a regiones como Madrid o Barcelona. El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, afirma que «esta inversión permitirá a España adaptarse plenamente a la transformación digital y desarrollarse como un centro internacional de innovación y tecnología». O sea que, cuando se inauguren los centros de datos, desaparecerán mágicamente todos los problemas -estructurales, económicos y culturales- que nos impiden convertirnos en un referente de la informática mundial, la California Europea.
Es normal que los muggles -humanos sin conocimientos informáticos- no cuestionen estas declaraciones grandilocuentes, pero ¿y los técnicos? ¿De verdad sabemos cuál será el impacto real de los centros de datos en nuestra economía en general y nuestro sector en particular?
Todos coincidimos en que la nueva infraestructura de Amazon aportará, al menos, tres beneficios inmediatos para la región -puestos de trabajo cualificados, la posibilidad de desplegar software que disfrute de una menor latencia o tiempo de respuesta y la protección de los datos que maneje ese software por la legislación española y europea- además de muchos otros indirectos, pero no hemos ido mucho más allá. Intentémoslo.
Protección de Datos
Empecemos por el final. Damos por hecho que, como los datos de las aplicaciones estarán almacenados físicamente en Aragón, la gestión de los mismos estará protegida y regulada por las legislaciones española y europea. La realidad, sin embargo, es un poco más compleja.
En 2018 se aprobó -subrepticiamente, en la votación de los presupuestos generales presentados por Donald Trump, para intentar evitar el debate con las organizaciones de derechos humanos que se habían opuesto a ella, como Amnistía Internacional o la Electronic Frontier Foundation- la CLOUD Act que, en la práctica, significa que la Administración estadounidense puede exigir a cualquier compañía americana los datos de sus clientes que almacene en sus servidores, estén o no situados en Estados Unidos.
Sobre el papel, la cosa no es tan fea como la pintan los proveedores europeos de Cloud y Hosting. Se supone que para que un proveedor ceda nuestros datos debe recibir una petición de un juez americano como consecuencia de una investigación judicial o por parte de una agencia de seguridad, como el FBI. Se supone que los proveedores pueden negarse si esa petición es contraria a la legislación del país, pero eso es mucho suponer. Sobre todo, después de saber que para Donald Trump, la Unión Europea es un «enemigo comercial» y que, entre 2008 y 2009, la Agencia de Seguridad Nacional de Estados Unidos pidió a los servicios de inteligencia alemanes 40.000 datos sobre empresas europeas que no estaban relacionadas con el terrorismo, según denunció la comisión parlamentaria organizada en Alemania a raíz de las revelaciones del ex-analista Edward Snowden.
En un ejercicio de transparencia, Amazon publica el número exacto de peticiones que recibe y atiende para cumplir la CLOUD Act… menos las que no puede revelar por motivos de “seguridad nacional”. No hay más preguntas, señoría.
Latencia
La proximidad geográfica reduce el número de «saltos» que tienen que dar los paquetes de información desde un servidor a nuestros ordenadores y viceversa. Ese tiempo de respuesta o latencia es crucial en algunas empresas -como, por ejemplo, los brokers de bolsa, para los que 20 o 30 milisegundos más de latencia pueden significar la diferencia entre cerrar o no una operación de cientos de millones de dólares- pero, en realidad, cualquier negocio online se beneficia de una baja latencia.
Por eso, podemos esperar que muchos clientes actuales de Amazon desplieguen instancias de sus aplicaciones, destinadas al mercado español, en la nueva región de datos -incluso que roben cuota de mercado a otros proveedores ya presentes en España como Acens o Colt- para que sus usuarios disfruten de esa mayor velocidad, pero la latencia no va a hacer que las empresas que las desarrollen vayan a mudarse a Aragón, porque a la mayoría de las mismas no les aporta ventaja competitiva alguna que sus empleados disfruten de un tiempo de respuesta más bajo del que ya experimentan en el proceso de desarrollo, despliegue y trabajo con las mismas.
Es más, muchos pronostican que la revolución de la 5G impulsará el edge computing o, lo que es lo mismo, llevar nuestras aplicaciones y servicios de software desde el centro de datos al «borde» de la Red -lo más cerca posible de donde serán consumidos- para mejorar el tiempo de respuesta de los mismos. La nube que representan los centros de datos se convertirá en el cuello de botella, donde se ejecutarán los procesos más complejos, no los más rápidos.
Puestos de trabajo cualificados
Según El Heraldo de Aragón, Amazon espera generar hasta 1.500 empleos en 10 años, aunque no ha explicado cuáles ni cómo. La realidad es que la generación de empleo en ese tipo de instalaciones suele ser baja, como recoge elEconomista. Un centro de datos estándar de Amazon emplea a entre cinco y 30 personas porque todo está muy automatizado y puede controlarse en remoto. Precisamente por eso, el personal contratado es en su mayoría de infraestructura -mantenimiento, limpieza, seguridad- más que estrictamente técnico.
Un cálculo más realista es que se emplee a alrededor de 300 personas -100 por cada uno de los centros- algo, desde luego, bastante alejado de la situación apocalíptica que auguran los que plantean que las universidades y centros de formación profesional aragoneses deben ponerse ya a «fabricar» miles de ingenieros y técnicos cada año para poder «atender la demanda».
Por dar algo de contexto sobre lo que estas cifras significan para la propia multinacional, es importante recordar que Amazon anunció el pasado julio que iba a crear un centro de desarrollo para Kindle en Madrid con 200 empleados. La apertura de un centro similar en una ciudad con 53.000 habitantes como Huesca tendría mucho más impacto en la industria informática local que un centro de datos.
La California baturra
Lo cierto es que no se sabe a ciencia cierta el impacto real en la economía local de un centro de datos de Amazon. Primero, porque no hay prácticamente ningún estudio independiente sobre la materia y, segundo, porque hasta hace poco -por motivos de seguridad- no se sabía dónde se situaban esos centros de datos exactamente. Hace un año, Wikileaks filtró unos documentos confidenciales de finales de 2015 donde se listaba la ubicación de cien centros de datos de Amazon.
De acuerdo a Aragón Exterior, el organismo del Gobierno de Aragón para impulsar la internacionalización de la economía aragonesa, el espejo en el que la Comunidad Autónoma se está mirando es la región de Cork, en Irlanda.
Según los datos que ellos mismos aportan, desde 2010 la contribución económica de los centros de datos en Irlanda ha supuesto 7.000 millones de euros y la creación de un total de 5.700 puestos de trabajo anuales, 2.900 en la construcción y 2.800 en la posterior operación de estos centros de datos.
Las empresas irlandesas se han especializado en la construcción y operación de centros de datos y, en 2016, prestaron servicios a terceros países por valor de 2.ooo millones de euros. En conjunto, las exportaciones de servicios TIC aumentaron hasta los 70.000 millones de euros en 2017.
Según datos de Host in Ireland del segundo trimestre de 2019, actualmente están en construcción ocho centros de datos -con mil millones de euros de inversión- y está previsto invertir 3.500 millones más, hasta 2025, para la creación de otros 34.
Están en funcionamiento 53 centros en total -siendo el mayor clúster de centros de datos de Europa- que junto a los 34 previstos requerirán una inversión de 9.000 millones de euros en energías renovables. La misma Amazon ha anunciado la construcción de un parque eólico en Cork de 23 megavatios.
Epílogo (gallego)
¿Se convertirá Aragón en una nueva Irlanda? ¿Será la infraestructura de Amazon el enésimo intento fallido de transformar la economía de una región a base de suelo y dinero público? Pues... depende.
Para poder tener una opinión informada, como ciudadanos deberíamos conocer todos los detalles del acuerdo. Hasta ahora, lo único que sabemos a ciencia cierta es la información contenida en el convenido publicado en el Boletín Oficial de Aragón, que es bastante vaga. Esa vaguedad no es casual. El 19 de junio de este mismo año se firmó un acuerdo de confidencialidad entre el Gobierno de Aragón y Amazon que ambas partes han definido como «crucial» para que las negociaciones llegaran a buen puerto. No sé si es aceptable o legal que una Administración pública oculte ni un solo dato a los ciudadanos a los que afirma servir, pero sí sé que es preocupante que lo asumamos con total normalidad.
De momento solo se sabe que urbanizar el suelo necesario costará a las arcas públicas 24 millones de euros, pero se desconocen las inversiones necesarias para cumplir las exigencias logísticas y energéticas de Amazon. Los tres centros contarán con suministros eléctricos redundantes e independientes entre sí y en conjunto consumirán 80 megavatios. Para intentar explicar la magnitud de esa cifra basta decir que el centro de Huesca consumirá por sí solo más energía que la ciudad donde se alojará y que Red Eléctrica de España tendrá que reforzar la red de transporte existente en Aragón para garantizar la cobertura ante el volumen de la demanda de la multinacional estadounidense.
¿De dónde se va a sacar toda la energía necesaria? ¿Será renovable? ¿Quién va a asumir la inversión necesaria para construir todas esas infraestructuras? ¿Será rentable? ¿Tendrán exenciones y descuentos en la factura de la luz? ¿Pagarán impuestos en Aragón? Hay muchas incógnitas que el Convenio no ha despejado, pero la más importante de todas es saber si esta es una operación tecnológica o inmobiliaria.
Porque son los datos, no las cañerías por las que estos circulan, el verdadero activo estratégico de un país. Y, por eso, mientras nosotros levantamos centros de datos de una compañía sometida a la CLOUD Act, países como Francia o Alemania invierten dinero para crear una nube propia que les permita evitarla y recuperar la soberanía sobre sus datos.
Todo eso no minora la importancia de la operación, solo la matiza y acota. No hay duda que la operación tendrá un impacto económico notable a nivel local, pero el retorno solo se podrá comprobar a largo plazo y nadie puede esperar que por sí sola cambie la dinámica de toda una Comunidad Autónoma. Es un punto de inicio, no un fin en sí misma.
Por eso, aunque debemos dar la enhorabuena a nuestros políticos por conseguir atraer este tipo de inversiones a nuestro país -colaborando entre distintas Administraciones, más allá del color del Gobierno de turno para conseguir el bien común- también debemos exigirles más. No debemos ni podemos conformarnos con ser un país de centros logísticos y de datos, sino productor de la mercancía y el software que llene los primeros y se ejecute en los segundos.
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