Después de ver el vídeo de la nueva Nintendo Switch me vino un pensamiento a la cabeza: la PlayStation y la Xbox son pasado. Se acabó tener que ver esos mamotretos negros de plástico, enormes, pesados y que no pueden moverse, al lado del televisor; se acabó tener que pasar por caja cada dos años porque las consolas no pueden actualizar sus componentes al ritmo que evolucionan los videojuegos. Microsoft cree que la solución es Scorpio, pero para eso ya están los pecés y los portátiles de gaming. Steve Jobs dijo que habíamos entrado en la era post pecé y resulta que el ordenador no ha muerto, simplemente ha mudado su función: ya no es la puerta a Internet o la herramienta para comunicarnos. En los entornos profesionales sigue siendo el rey y en casa se ha convertido en un hub de entretenimiento; es el dispositivo electrónico modular perfecto, le puedes cambiar el disco duro, la gráfica, ampliar la RAM... Por algo ayer, durante una presentación en Nueva York, Microsoft anunció dos nuevos ordenadores Surface, un todo en uno llamado Studio y el laptop convertible Book i7.
Nintendo da la espalda a la carísima realidad virtual en alta definición -900 euros por unas HTC Vive o unas Oculus Rift importadas; y 400 por las PlayStation VR, que no funcionan sin la PS4 (otros 400 euros)- y al hacerlo siembra dudas sobre una tecnología que no acaba de despegar. El futuro no es un ejército de zombis atados a unas gafas. La Gran N puede equivocarse, pero la historia le da la razón. La clave no es jugar con gráficos en 8K, la clave es a qué se juega y la apuesta actual de la compañía japonesa es la movilidad. Los pokémon han conquistado el smartphone y en diciembre, cuando Super Mario llegue al iPhone y al iPad, se desatará la locura.