Educar a los padres para proteger a los hijos

Agencias

OCIO@

La industria intenta concienciar a los mayores de que deben ser ellos quienes vigilen a qué juegan los más pequeños de la casa.

01 dic 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

Los niños lo tienen claro: el 78% prefieren videojuegos por Navidad. Los padres, también: el 68% de los progenitores (que se eleva al 77% si contamos sólo a las madres) optan por los juguetes tradicionales. Sin embargo, el 71% aseguran que son los niños los que deciden qué comprar y la inmensa mayoría están convencidos de que, por estas fechas, son las consolas las que se llevan la parte del león. Lo primero, como se ve, no es del todo cierto. Lo segundo es falso: lo que más se vende son los puzzles. Éstas son algunas de las conclusiones que se desprenden de un estudio que presentado por el Grupo Eroski, que en la próxima campaña navideña colaborará con la patronal de los videojuegos, aDeSe, para difundir el código europeo de clasificación de contenidos PEGI. Este sistema de autorregulación, que se aplica en 24 países, informa a los adultos sobre las edades recomendadas y sobre los contenidos conflictivos que pueda tener cada título. La industria del ramo ha decidido dar un paso al frente ante la alarma, en su opinión injustificada, que causa este género de entretenimiento y centra sus esfuerzos en educar a los padres para que controlen a sus hijos. Recuerdan que, en primer lugar, se trata éste de un mercado orientado a todo tipo de público, y de hecho la franja de edad que más consume es la que va de 35 a 45 años; además, el número de juegos recomendados para adultos es ínfimo (el 4% del total), y, sobre todo, las calificaciones por edades y contenidos están definidas y expuestas con toda claridad. Control parental Aunque la PSP de Sony incorpora algo parecido, la esperada Xbox 360 de Microsoft, que sale a la venta en España este próximo sábado, presenta como uno de sus puntos fuertes un sistema de control parental que marcará la pauta del sector. Porque no sólo impide el uso a los jugadores que no tengan permiso para determinados contenidos, sino que también restringe el acceso a internet, de forma que nadie que no sea conocido puede hablar con un niño ni saber lo que hace en cada momento. «Pero si tú le regalas por Navidad una consola a tu hijo y le dejas que la instale él mismo y no te preocupas, no sirve de nada», según el director de Marketing para Europa de la Xbox, Michael Cassius. «Por eso -añade este directivo de Microsoft- estamos focalizando nuestras campañas de información en los padres, y les estamos contando que es muy fácil configurar la consola, pero claro, hay que configurarla». La forma de hacerlo, en efecto, es elemental. Cuando se enciende por primera vez, la Xbox 360 pide a los usuarios que registren su perfil: nombre, colores de fondo, música, iconos, y también el tipo de juegos a los que pueden acceder. Esto incluye no sólo el código PEGI, sino los códigos propios de pueda haber en cada país. Si perfil exige -si se define así- una clave que impide el acceso a contenidos no permitidos. Aunque el sistema es similar al del Windows, mientras en el pecé puede resultar indiferente contar con un perfil propio, en la consola es esencial: cada jugador almacena allí sus preferencias, sus personajes y sus partidas grabadas. A nadie, y menos que a nadie a un niño, le gusta que le usurpen su personalidad virtual. Autorrestricciones Como sus colegas españoles de aDeSe, Cassius insiste en que esta industria «es la que más autorrestricciones se impone, a pesar de que es para todo tipo de público, como no podía ser menos en un sector que ya tiene más de 25 años de antigüedad. La proporción de películas para mayores de 18 es muy superior a la de videojuegos, pero sólo se habla de éstos, cuando precisamente no son para niños». Este miércoles, el presidente de aDeSe, Alberto González Lorca, también defendió al sector en lo que se refiere al supuesto riesgo de adicción que conlleva este tipo de juguete: «Un videojuego tiene una historia que dura un tiempo limitado. Un experto puede terminarla en dos horas y un novato en quince, pero una vez que se termina, se terminó, y lo normal es que no se vuelva a jugar a eso». Michael Cassius dice algo parecido con distintas palabras: «Mis críos tienen acceso a todo, a vídeos, consolas, ordenador... Pero también leen y tocan el piano».