El fraude con tarjetas de crédito ascendió el año pasado a 32 millones.
20 feb 2005 . Actualizado a las 06:00 h.La Asociación de Usuarios de Bancos, Cajas y Seguros (ABICAE) admite que en los últimos años se han incrementado las reclamaciones en las oficinas de esta organización por el robo o duplicado de tarjetas de crédito, unos datos que a nivel nacional también son confirmados por los responsables policiales. La prueba está en que el fraude con tarjetas de crédito robadas y luego duplicadas se situó el año pasado en unos 32 millones de euros, un 8% más que el año anterior, según indican los datos facilitados por Servired, 4B y Euro 6000. De estos datos se desprende también que los avances en ciencia y tecnología han aportado beneficios en todos los sectores. Tanto es así que hasta ser ladrón puede considerarse hoy una ardua carrera profesional que implica estar al tanto de los avances más punteros, tanto en aparatos como en sistemas tecnológicos. Uno de los sectores que más afectado se ha visto por la audacia de los delincuentes es el de la banca, que hasta ahora se hace cargo de las pérdidas provocadas por las bandas organizadas que se dedican a clonar tarjetas de crédito. Pero ¿cómo es posible copiar el pedazo de plástico si no ha salido de las manos de su propietario? Aparatos La explicación está en la avanzada tecnología que utilizan los ladrones, cada día más avezados en la utilización de lectores magnéticos. Estos aparatos tienen una apariencia similar a los que posee cualquier cajero automático y se introducen en la parte superior de la ranura por la que habitualmente se mete la tarjeta. Así, los ladrones consiguen los códigos de la banda magnética que figura en los rectángulos de plásticos, datos que luego utilizan para confeccionar una tarjeta exactamente igual a la de su legítimo propietario. Hasta ahí, el sistema es relativamente sencillo, pero la utilización de esas copias requiere también el conocimiento del código pin, una clave que consiguen averiguar instalando en el cajero una microcámara que les permite visualizar el teclado. Generalmente colocan este ojo virtual en un portapanfletos instalado en el carenado del cajero. Aunque este procedimiento es ya conocido por la Policía y casi la mayor parte de los ciudadanos, muchas veces la tecnificación es tal que en las inmediaciones del cajero se sitúa una persona que recibe a través de un sistema de comunicación los datos captados tanto por el lector magnético como por la microcámara, agilizando así el proceso. En estos casos la microcámara está dirigida al teclado del cajero y dispone de una batería de alimentación y de una antena transmisora, un sistema que es empleado por quienes se dedican a practicar esta estafa. También por la Red Además, entre todos los tipos de asalto informático conocidos, dentro de las mil y una formas que hay de delinquir en Internet y de agredir a los sufridos internautas, nadie se esperaba que también los mirones de toda la vida pudieran beneficiarse de las nuevas tecnologías para espiar las alcobas y las vidas privadas de sus víctimas. El Grupo de Delitos Telemáticos de la Guardia Civil ha demostrado que sí, con la detención de un mirón virtual la semana pasada. La forma de hacerlo era a través de un «troyano», un potente virus informático diseñado por él mismo y que, una vez instalado dentro de un ordenador, le permitía acceder libremente a toda la información almacenada en él y manejar diversos programas del mismo. Si hubiera querido, habría podido conocer, y utilizar, los datos bancarios y los números de tarjeta de crédito de muchas de sus víctimas.