EMI, Warner, Sony y Universal llevan a los tribunales a Sharman Networks , dueña de Kazaa.com. Aseguran que es «un motor de piratería » que ha llevado el mercado ilegal a niveles impensables.
30 nov 2004 . Actualizado a las 06:00 h.Cuatro de las mayores multinacionales de la industria discográfica -EMI, Warner, Sony BMG y Universal-se han unido para presentar una demanda conjunta en Australia contra el portal de Internet Kazaa.com, que proporciona a los particulares programas de intercambio gratuito de archivos, entre ellos software, cine y música en formato mp3. Kazaa.com, el mayor portal de ese tipo, pertenece a la firma Sharman Networks, que tiene su central en Australia aunque está registrada en el pequeño Estado de la isla de Vanuatu, en el Pacífico. En su demanda, las discográficas, a las que se han unido otras cinco compañías australianas, definieron al portal Kazaa como un «motor de piratería de los derechos de autor» que ha llevado esa actividad «a una magnitud que no se había visto nunca antes» en el mercado ilegal de la música, según informó ayer la BBC. El abogado de las multinacionales, Tony Bannon, describe en su escrito dirigido a la Corte Federal de Sidney que son cerca de cien millones los internautas que se intercambian música gracias a Kazaa, en un tráfico que ronda los tres billones de archivos musicales cada mes. Añade, además, que Sharman Networks les facilita el acceso ilícito a esos archivos, y que además, la empresa obtiene un beneficio de esa actividad al vender espacios de publicidad en su página web. Por su parte, Sharman se defiende alegando que no puede controlar lo que hacen los usuarios con los programas que proporciona, y que intercambiar archivos de Internet no es una actividad ilegal -sólo lo es comerciar con productos cuyos derechos de autor pertenecen a otro-. Se trata de la segunda demanda que recibe Kazaa, que ya fue denunciada ante un tribunal holandés en diciembre del 2003. Otras empresas con portales similares, como Grokster y Streamcast, también han sido denunciadas por las grandes discográficas en Estados Unidos, donde, sin embargo, los jueces acabaron por reconocer que su actividad es lícita. Las multinacionales han recurrido la decisión, y se han decidido a demandar también a los particulares que se bajen de la red o que cuelguen en sus páginas material protegido por los derechos de autor.