El último anguilero del Lérez

POIO

RAMON LEIRO

Juan Carlos Dacosta espera retomar en poco tiempo la pesca de la anguila en el río con atados de ramas de vides, siguiendo la estela de su bisabuelo

23 abr 2015 . Actualizado a las 15:45 h.

Juan Carlos Dacosta Vázquez lleva a sus espaldas una tradición familiar de un siglo y en la que han participado tres generaciones : la pesca de la anguila en el canal del Lérez con atados de ramas de vides a manera de nasas. Matiza que son tres generaciones, porque su abuelo no participó de ella, al ser fogonero de profesión.

Aun así la historia viene de lejos. La memoria familiar se remonta a su bisabuelo, José da Costa Extremadoira, de quien aprendió las nociones básicas de esta pesca su nieto y padre de Juan Carlos, José da Costa, que todavía mantenía la fórmula separada al escribir el apellido familiar, que luego se unificó al asumirlo su hijo.

El método es sencillo y artesanal. Se cogen ramas de vides y se hace con ellas un atado con cuerdas -mollo en gallego-. Después se les ponen piedras para que se hundan en el agua y se echan al Lérez, dejando los atados calados en el canal. Las anguilas encuentran en los mollos un hábitat idóneo. Se deja pasar el tiempo estipulado, como una semana, y entonces levanta los atados del fondo. «Tes que ser rápido, porque se non escapan», incide este marinero poiense. Una vez recogidas las anguilas grandes en el barco, se devuelven los mollos al agua. Las capturas se venderán en la lonja de Campelo.

Esta es una actividad pesquera que estuvo durante décadas ligada únicamente a esta familia, con casa en A Puntada (Poio). Un arte que no se practica desde hace tres años en la desembocadura del Lérez. La Xunta inició ayer, con la publicación en el DOG del plan de explotación, los últimos trámites administrativos para que una nueva generación de Da Costa puedan echar sus aparejos al agua y recoger las anguilas. Dacosta ya tuvo este permiso hasta el 2012, pero como apenas lo utilizaba, no lo renovó. Ahora quiere volver a tenerlo.

«É unha tradición na nosa familia, que pasou do meu bisavó ao meu pai e logo a min, e eu quero facelo coa seguinte xeración», señaló Juan Carlos Dacosta. Armador del Mejía, con base en Combarro y adscrito a la cofradía de Raxó, este profesional defendió la pesquería, señalando que no afectará a la población de la anguila. De hecho, en la autorización que tramita la Xunta solo figura su barco como el único interesado en esta iniciativa.

«Nós non imos facer ningún dano á ría, a arte de pesca que usarei, os mollos de vides, non afecta a ninguén e a esta actividade é complementaria para min», precisó. «É máis unha tradición que quero conservar na miña familia», concretó.

Al lado de Juan Carlos está su padre, José da Costa, que a sus 92 años, recuerda cómo aprendió a pescar este escurridizo pescado en A Puntada, justo en frente de su casa. Todo comenzó en los años difíciles de la Guerra Civil. «Eu era un chaval que axudaba ao meu avó que facía os mollos coas ramas das podas da Alameda de Pontevedra». En los años 40, ya adulto, mantuvo viva esta pesquería, que tenía muy buena acogida comercial en Ourense.

«Nós non imos facer dano á ría, os mollos de vides non afectan a ninguén e é unha pesca artesanal»

Juan Carlos Dacosta