El señor de las campanas y los «cacharros»

Celso García Alonso recorrió Galicia para documentarse sobre fundiciones e hizo un libro. También es un singular alfarero


pontevedra / la voz

Celso García Alonso, natural de Portas pero afincado en Barro, habla pausado, pero a la vez con ritmo. Narra con tal solvencia su vida y sus aficiones, encontrando la palabra adecuada para cada anécdota, que parece que está leyendo un texto en vez de improvisando. Sin embargo, sin previo aviso, su voz se quiebra. Se emociona. Y hasta llora. Es cuando recuerda lo bien que lo trata alguna gente para que él pueda dar rienda a suelta a sus aficiones. ¿Y cuáles son sus pasiones? Documentarse y escribir sobre cosas como las campanas gallegas o las bandas de música y hacer «cacharros» de barro, como él llama a la artesanía salida de un torno hecho por él mismo.

Podría decirse que Celso tiene una vida de mañana y otra de tarde. Por la mañana, es trabajador de la Diputación de Pontevedra. Está en el mantenimiento de carreteras, así que recorre los viales comprobando que todo está en orden. Ahora mismo anda por O Salnés, pero ya trabajó también en la zona de A Estrada. Entró joven en la Diputación, a los 19 años. Y vio pasar a siete presidentes por el cargo: «Penso que xa levo sete, seis homes e agora unha muller. Trato persoal non tiven con ningún», explica. De su puesto cuenta que es duro en invierno por el frío y desagradable en verano si llega la canícula. Pero no se queja mucho. Es más, a sus 58 años, no se le ve prisa por jubilarse: «Cando chegue xa chegará», dice.

Cuando se quita la funda de obrero, su vida es otra. Tiene varias pasiones y se deja llevar por ellas. Hace años, le vino un brote de morriña. Se acordó de cuando era niño y pasaba mucho tiempo en Arcos da Condesa (Caldas), en casa de los abuelos. La vivienda estaba próxima a la fundición de campanas del lugar. «Os da fundición viñan cos bois tirando polas campás e deixábanas ao lado da horta dos meus avós ata que as levaban para o seu destino. Eu crieime vendo esas campás e a verdade é que me fascinaban», explica. Amparándose en ese recuerdo, visitando distintas fundiciones o lugares donde las había habido, como Moneixas, en Lalín, fue tejiendo recuerdos y datos. Luego, los puso sobre la mesa y parió un libro, llamado As campás galegas. Fundicións, que la Diputación editó. Dejó ahí escrito Celso que la fundición de Arcos da Condesa es la más antigua de la provincia y la única que sigue activa, y que de ahí salieron las cuatro campanas de la catedral de la Almudena. O que otras tras piezas de este negocio llegaron Caracas y al distrito de Coyoacán, en México.

«Iso si que me emociona»

De ser el notario de las fundiciones de campanas, pasó también a escribir sobre bandas de música. Concretamente, de la Banda Xuvenil de Barro. Es ahí, cuando menciona esta entidad y su colaboración con ella, cuando la voz se le entrecorta: «Non teño palabras para explicar o ben que me tratan. Ademais teño dúas fillas músicas, que pasaron pola banda... son moitas lembranzas, e todas son moi bonitas».

A la banda le dedicó un libro cuyo título habla por sí solo. Se llama Froito dunha ilusión y narra la historia de los 25 años de la entidad, los momentos duros y los días de gloria. Su presentación fue todo un acto de amor. Y quizás por ello Celso no deja de emocionarse al recordarla: «Esta banda significa moito para Barro, para moitísimos pais que tiveron e teñen aí aos seus fillos... son lembranzas inesquecibles».

Recupera Celso su tono pausado y su admirable capacidad para expresarse hablando de artesanía. Y es que un día se le ocurrió montar un torno y descubrir el mundo de la alfarería. Antes, como con los libros, se documentó. Visitó a algunos «cacharreiros» y se puso manos a la obra. Lo suyo no son los objetos decorativos. Le gusta hacer piezas de utilidad. De este modo, en su colección hay desde chocolateras a asadores pasando por botijos. E incluso se puede encontrar un sacaleches de barro. Sí. Leyeron bien, un sacaleches: «Ensinoumo a facer un cacharreiro que se chama Agapito González, era un aparato que usaban as nais para sacar o leite, e si o teño feito».

No vende las piezas. Dice que de momento tiene en sitio en casa para seguir dándole rienda suelta a su vena artesana. Hizo alguna exposición y la reacción del público fue de entusiasmo. Así que él sigue con las manos en el barro. Y con el ordenador cerca, por si surge un nuevo libro. Dice que no tiene mucho tiempo para dedicarle a sus aficiones. Pero igual debería ir revisando su concepto de mucho. Porque, desde luego, su actividad es frenética. Hace libros y trabaja el barro. ¿Se puede pedir más?

Hace piezas

de barro, como chocolateras, botijos y hasta sacaleches

Escribió sobre campanas y luego recogió la historia de la Banda

Xuvenil de Barro

Trabaja en el mantenimiento de carreteras de la Diputación. Ahora está en O Salnés

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