El «buraco do inferno» resiste en Barro

Es un lugar curioso, en el que la naturaleza se rebeló y convirtió en bonito lo que al principio solo era un destierre


pontevedra / la voz

Barro es un municipio al que, en nombre del progreso y por tener una ubicación estratégica, le pegaron un buen número de tajazos. Uno transita por el concello y se da cuenta de las puñaladas al terreno que fue dejando la construcción del AVE, la AP-9, el polígono industrial e incluso, años atrás, también la N-550. Por Barro pasa todo. Así que la naturaleza se ha acostumbrado al rugir de las excavadoras -y más que tendrá que acostumbrarse porque por el municipio también discurrirá la A-57-. Lo curioso es que, lejos de lucir fea, la madre naturaleza ha hecho de la necesidad virtud. Y ha reconvertido espacios feos en bonitos. Un buen ejemplo de esto se da en la parroquia de Agudelo, en una zona que está a tiro de piedra del polígono industrial Barro-Meis y del castro de A Chan. Allí se ubica un paraje insólito, una especie de laguna metida entre muros de xabre al que algunos han empezado a denominar «buraco do inferno». Hay quien puso los ojos sobre él para retirar tierra. Pero el Concello, que es el titular de los terrenos, no lo autorizó. De momento, la zona resiste.

Se llega fácil. Uno pasa el polígono y, antes de encaminarse hacia lo alto de Monte da Chan, frena en seco. Con caminar apenas 50 metros se descubre el agujero en el suelo que se fue llenando de agua. Efectivamente, da la sensación de que es una laguna. O incluso un oasis, porque está rodeado de la zona de destierres del polígono. Si uno es quisquilloso, enseguida se da cuenta de que esa laguna recuerda a una especie de cantera abandonada. Pero si no se le buscan los tres pies al gato y uno se deja llevar por el entorno, el paisaje es fabuloso. Hay agua, verde, piedras... parece una postal. Y como los muros naturales son altos, ciertamente, parece un agujero. Lo de si es infernal o no ya es más complicado de defender.

¿De dónde ha salido esa laguna? No hace falta preguntar mucho para que en el Concello cuenten que hace un buen número de años, quizás dos décadas, con motivo de unas obras públicas -posiblemente del ferrocarril- una empresa sacó toneladas y más toneladas de xabre de este entorno para utilizarlo como material de compacto en la infraestructura que se estaba construyendo. El caso es que al principio aquel punto quedó como una zona de destierres, un lugar desnudo de verde y triste. Pero la naturaleza hizo su trabajo. Lluvias y posibles manantiales fueron confiriendo al espacio una imagen de laguna.

Solo grillos y pájaros

Tanto es así que, en el 2015, hasta esas aguas llegaron unos crustáceos, los cangrejos rojos americanos, dispuestos a colonizarlas. En un principio, sí lo hicieron. Se veían por todas partes y había incluso quien les daba captura para meterlos en ollas con arroz, con el consiguiente riesgo que eso conlleva. El cangrejo habitó un tiempo en Agudelo. Pero, sea porque fue a parar a demasiadas comidas, sea porque el hábitat no le fue favorable o porque las gaviotas se los merendaron, a finales del 2016 ya no se veían ejemplares. Quedaban, eso sí, algunas de sus patas esparcidas por las orillas. Ahora ni eso. De los cangrejos no hay ni rastro, de ranas tampoco y el único rastro animal que se sentía ayer a la mañana era el canto de los pájaros y el gorjeo de los grillos.

Tampoco había ningún humano pululando por este entorno. Cierto es que la mañana estaba de lluvia y no invitaba precisamente a perderse por el lugar. Sin embargo, dice el alcalde, Xosé Manuel Fernández Abraldes, que la zona sí se transita. Y lo dice con bastante preocupación. ¿Por qué? Porque hubo ocasiones en las que se bañaron personas en la laguna, incluso niños, pese a que se desconoce su profundidad y las características del entorno. «Así que o baño aí é unha práctica perigosa», dice el mandatario. Fernández Abraldes indica que incluso se plantearon poner una valla o similar en la parte más alta para evitar riesgos. «Realmente é un burato e ten unha altura considerable, co cal é perigoso», remacha.

Cuentan en el Concello que varias empresas se interesaron por la posibilidad de extraer xabre de esa zona -se trata de un material apreciado- pero que no se llegó a autorizar porque, en una ocasión, Medio Ambiente puso reticencias. Así que la laguna sigue haciéndose vieja.

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