El otro desastre de Ons

Lars Christian Casares Berg
Christian Casares PONTEVEDRA

BARRO

XOÁN CARLOS GIL

Centenares de contenedores repletos de chapapote se acumulan en una isla cuyos caminos son una mezcla de fango y fuel por el trajín de la maquinaria

08 ene 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

Las islas Ons están pagando por partida doble los efectos de la marea negra. El fuel que lleva pegado a sus costas 34 días está causando daños colaterales más allá de la arena y las rocas de un litoral echado a perder. Cientos de toneladas de chapapote almacenadas en contenedores se amontonan en las cunetas de los caminos de la isla, en las inmediaciones del pueblo y sobre el muelle, desde donde los barcos no dan abasto para desembarcar todo el fuel que voluntarios, Ejército y personal de Tragsa continúan recogiendo entre las rocas de las playas. El efecto de la maquinaria pesada sobre los senderos sin pavimentar no ha tardado en notarse. Pese a los esfuerzos de quienes luchan contra la marea negra por aislar el fuel con plásticos en zonas de depósito específicas, los caminos de la isla se han convertido en un barrizal salpicado de charcos en los que las irisaciones producidas por el hidrocarburo se mezclan con el fango. A cada pasada de los tractores de Medio Ambiente o los Hammer todoterreno del Ejército la papilla de barro y fuel continúa extendiéndose. Las lluvias caídas en los últimos días no han contribuido a mejorar la situación. En algunas zonas de descarga de chapapote el agua ha formado regueros que arrastran restos de hidrocarburo de nuevo hacia los arenales. Una sustancia mucho menos densa que el fuel que se recoge en la orilla, pero igual de contaminante, y que acaba por filtrarse en la arena. Trajín continuo Desde Casa Checho, el propietario que prestó su nombre al local instalado a apenas veinte metros del muelle de Ons, recuerda aún los días en los que era el único habitante de la isla. Hoy la situación es bien distinta. Casi veinte vehículos pesados y más de doscientas personas van y vienen por los caminos que antes sólo veían roto su silencio por el petardeo del ciclomotor de Cesáreo, otro vecino de la isla de los que se quedan todo el año. Frente a su casa, los infantes de Marina, que trabajan en turnos de noventa para retirar el fuel, han instalado un punto de recogida de chapapote. Entre el fango y el fuel acumulados sobre sus fincas de cultivo asoman algunas berzas aplastadas por las ruedas de los vehículos. El fuel sobre la tierra desaconseja replantar.